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Poesía ya!: Daniela Aguinsky

Literatura y Poesía, Poesía ya!

El pasado 29 de mayo fueron anunciadxs lxs galardonadxs con el Premio Storni de Poesía, certamen impulsado dentro del ciclo Poesía ya! del Centro Cultural Kirchner. El segundo fue para la poeta y cineasta porteña Daniela Aguinsky y su libro Afecciones familiares.

Aguinsky, de 28 años, hizo algunos años en la carrera de letras y luego se dedicó al cine. Sobre el premio, dice: “Fue una sorpresa muy linda. Todo empezó con la intención de expresarme y jugar; para mí escribir era algo muy personal e íntimo y muy poca gente que me conoce sabía que yo estaba escribiendo poemas. El premio para mi fue eso, empezar a mostrar lo que hago y un incentivo para seguir escribiendo”.

Compartimos una selección de textos provenientes del libro, acompañados de las reflexiones del poeta Patricio Foglia.


Daniela Aguinsky, por Patricio Foglia

A la manera del norteamericano y eterno Frank O’Hara, quien en sus Lunch poems decidió sustraerse de la rutina escribiendo un poema por día durante cada uno de sus almuerzos, también Aguinsky emprendió una tarea similar, tan absurda como espléndida.

Check-in

Te siento
hervir
entre el check- in
y migraciones.

Cuando despacho la carga
y me presto al control.

Me saco las zapatillas
y me vacío
de monedas y envoltorios.

Pero aunque me despoje
de todo
lo que que no está permitido,
el detector
va a sonar
igual:

se van a dar cuenta
de que te trafico
abajo de mis shorts

La analogía con este personaje clave de la Escuela de Nueva York no se detiene allí. Aunque es cierto que hay en O’Hara una especie de repentización, ese permitirse pinceladas de surrealismo verbal tan característico suyo (especie de Pollock de la palabra) hasta encontrar el epigrama perfecto; en cambio hay en Aguinsky un trabajo minucioso, una selección de lo dicho a partir de un corte de verso preciso, breve y contundente en busca la escena. La puesta a punto de su escenografía verbal. Porque la voz que enuncia en Afecciones familiares necesita contarnos algo. Y en ese ritmo, simple tan solo en apariencia, se esconde la mesura de un animal de caza justo antes de saltar sobre su presa, buscando ocultar hasta el último instante la fuerza demoledora de su expresividad.

Hace como dos años me propuse escribir un poema por día. Después de un par de meses tenía como 60 poemas. La mitad los tiré a la basura porque eran malísimos. Lo que quedó, lo trabajé mucho.

(https://www.cultura.gob.ar/daniela-aguinsky-segundo-premio-de-poesia-storni-creo-que-lo-que-soy-e-10720/)

Yom Kipur

Mi rabino dice
que solamente podemos
comprender el todo
mediante
la falta.

Hoy no como
y no me baño
y así entiendo
el funcionamiento
de las cosas
esenciales.

El hacer
que me iguala al resto
de lo vivo
que se arrastra.

Hoy
no te toco,
te ayuno,
y no sé si expío mis faltas,
pero te extraño
del todo en mí

La comparación todavía es posible en otras cuestiones claves como la urgencia de lo citadino y su velocidad, el humor como distancia salvadora o el amor por otras artes, como el cine.

Amor por el cine. Aguinsky es poeta, periodista y guionista; es autora de dos cortos, que pueden verse en Youtube: Huracán Berta (2020) y La guardia virtual (2019).

Como O’Hara entonces, o como la misma Alfonsina, que fue actriz, cronista y dramaturga. Otra vez, la mirada anfibia, queer o desplazada, de bicho de ciudad. Por lo menos en parte así pensaron Afecciones familiares les jurades del Storni. En palabras de Osvaldo Bossi:

Libro fresco, audaz. La voz de una chica actual que describe, con cierta ironía, las afecciones del amor. Me recuerda a la mejor poesía de Storni. Con una gran audacia tantos en los temas como en el tratamiento del lenguaje. También la cuestión judía atraviesa el libro, pero sin dramatismo. El humor y el amor, como dos armas gemelas, terminan produciendo una poesía no solo inquietante: explosiva.

Amor, humor y muerte, ¿y de qué otra cosa nos hablan el cine, la poesía, Nueva York o Buenos Aires, los grandes temas capitales? El funcionamiento de las cosas esenciales.


Selección de poemas

Simulacro de humo

Casi incendio mi cuarto con una vela
mal ubicada en un estante.

Descanso, ojos cerrados,
y en un segundo el olfato me lleva
a las clases de carpintería
de la secundaria.

La fricción de la caladora encendida
la madera oscura en los bordes
recién cortados
el ruido del taller
el aserrín en mi guardapolvo
azul.

Me veo morir
en el aula de maquetas
número dos
sin haber besado,
saliva extra virgen
desperdiciada,
delicioso
cómo imagino finalmente
que es
ser tocada por un otro que
no conozco
y que no voy a conocer
nunca.

Soplo,
la vela se apaga
y el humo sube
apenas molesto
como en un cumpleaños: es
el olor de mi adolescencia el
que me salva
de la catástrofe doméstica
ahora
una década más tarde, un
olor del que solo queda
como en el mueble
una marquita negra
una pequeña quemadura
del lado de adentro.

Tareas del hogar

Al último que le lavé los platos
desapareció una mañana
luego de otra
de esas noches abrazados.
Sin saber que nunca más
lo vería, me quedé
haciendo de su casa
un lugar más despejado y agradable
para estar de a dos.

Ahora
mientras miro fijo tu colador metálico
impregnado de harina del día anterior
después de que amasaras
un pan de ajo esponjoso y apenas tostado
en la base,
después de haber separado y estirado
del bollo de los días
unas pocas horas para nosotros
y después de que vos te fueras perfumado a la oficina,
yo me debato
entre lavar la pila de utensilios grumosos
y secos que descansan en tu cocina
o desentenderme por completo,
cepillarme rápido los dientes y
salir.

En eso estoy cuando giro
la cabeza y me encuentro
de pronto
con las sábanas rosadas
y húmedas
que cuelgan tendidas
en el lavadero
al costado de la bacha
arrugadas unas cuantas veces,
salpicadas
ahora flamean apenas
sin rastros de nadie
livianas y suaves
con vista al patio de aire y luz.

Entonces decido
hacerme del chiquero
y fregar con virulana el engrudo
que se adhiere como crosta al teflón
y que en remojo apenas se disuelve
para ceder ante mis manos que
después, hundidas
y llenas de espuma, sacan
la mugre estanca en la rejilla:

es imposible
salir limpia
tanto
de las tareas del hogar
como del amor.

Afecciones familiares

Siento dormidas
las puntas de los pies
y ojalá sean solo
mis problemas de espalda,
las contracturas,
cómo cruzo las piernas cuando estoy
sentada, o cómo me doblo sobre el colchón.
Pienso en que tengo
la enfermedad de mamá,
que en poco tiempo me va a tener endurecida,
sosteniéndome en bastones o en una silla de ruedas.
O la de papá
y abandonar la espontaneidad de compartir
una pizza con cerveza en cualquier lado. O
la de mi tío muerto
y simplemente voy a dejar de respirar, de a poco.

O quizás una nueva, solo mía
que requiera de otra especialidad médica
para agregar a la lista
de antecedentes familiares,
al árbol de afecciones
que se remonta a la rusia de los zares
quizás
por comer demasiada papa y demasiada cebolla.

Me digo que soy joven y gozo
de buena salud
y que a mí lo peor recién me va a llegar
en algunas décadas,
que falta mucho,
que estoy bien
pero por más jóven,
por más linda
y más alegre,
yo sé que la vida
no es buena conmigo
como no lo es con nadie.

O sí,
que es increíblemente
maravillosa
pero bueno,
no con mi espalda.

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