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Instantáneas ilustradas, por Azul Blaseotto

Artes Visuales, Instantáneas ilustradas

Instantáneas ilustradas es un ciclo de microexhibiciones virtuales que forma parte de las producciones realizadas en conjunto por el Centro Cultural Kirchner, el Archivo General de la Nación (AGN) y la Secretaría de Patrimonio Cultural.

En ella, artistas visuales de distintos lugares del país retratan momentos históricos en torno a Belgrano. Las ilustraciones se hicieron a partir de anécdotas que, a modo de instantáneas fotográficas, capturan momentos de la vida del prócer. Las instantáneas fueron recopiladas y escritas por el historiador Javier Trímboli y acompañan las ilustraciones.

Las dos instantáneas que aquí se presentan fueron recopiladas y escritas por el historiador Javier Trímboli e ilustradas por Azul Blaseotto.

Éxodo jujeño

Belgrano había sido enviado a Jujuy para hacerse cargo de un ejército en desbandada, que había sido fieramente derrotado en su intento de apuntalar la revolución en el Alto Perú. Las armas realistas, que responden al virrey que reside en Lima, recuperan territorios, amenazan a Jujuy y mucho más. Belgrano decide replegarse y hacerlo con el pueblo jujeño, para fortalecer sus fuerzas, frenar el avance contrarrevolucionario y después sí recuperar Jujuy. Este es el bando –de “terrible” se lo calificó– dirigido a la población; las palabras sobre las que se asienta lo que más tarde se llamó el “éxodo jujeño”.

El Gral. Manuel Belgrano inicia el llamado éxodo jujeño, la retirada hacia Tucumán de los habitantes de Jujuy y Salta. Exhorto de Manuel Belgrano al pueblo jujeño ordenando el éxodo de la población, 29 de julio de 1812.
Documentos Escritos. Sala X. Legajo 3-10-6.

Transcripción:

Don Manuel Belgrano, Brigadier de los Ejércitos de la Patria, Coronel del Regimiento
nº5 y General en Jefe del Ejército del Perú.
Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, en que se
halla interesado el Excelentísimo Gobierno de las Provincias Unidas de la República del
Río de la Plata, os he hablado con verdad. Siguiendo con ella os manifiesto que las
armas de Abascal al mando de Goyeneche se acercan a Suipacha; y lo peor es que son
llamados por los desnaturalizados que viven entre vosotros y que no pierden arbitrios
para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y
volváis a la esclavitud.
Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reuniros al
Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres, trayéndonos las armas de
chispa, blancas y municiones que tengáis o podáis adquirir, y dando parte a la Justicia
de los que las tuvieren y permanecieren indiferentes a vista del riesgo que os amenaza
de perder no solo vuestros derechos, sino las propiedades que tenéis.
Hacendados: apresuraos a sacar vuestros ganados vacunos, caballares, mulares y lanares
que haya en vuestras Estancias, y al mismo tiempo vuestros chasquis hacia el Tucumán,
sin darme lugar a que tome providencias que os sean dolorosas, declarándolos además si
no lo hicieseis por traidores a la patria.
Labradores: asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para dicho punto, en la
inteligencia de que no haciéndolo incurriréis en igual desgracia que aquellos.
Comerciantes: no perdáis un momento en enfardelar vuestros efectos y remitirnos e
igualmente cuantos hubiere en vuestro poder de ajena pertenencia, pues no ejecutándolo
sufriréis las penas que aquellos, y además serán quemados los efectos que se hallaren,
sean en poder de quien fuere, y a quien pertenezcan.
Entended todos, que al que se encontrare fuera de las guardias avanzadas del ejército en
todos los puntos en que las hay, o que intente pasar sin mi pasaporte será pasado por las
armas inmediatamente, sin forma alguna de proceso. Que igual pena sufrirá aquel que
por sus conversaciones o por hechos atentase contra la causa sagrada de la Patria, sea de
la clase, estado o condición que fuese. Que los que inspirasen desaliento estén
revestidos del carácter que estuviesen serán igualmente pasados por las armas con solo
la deposición de dos testigos.
Que serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no
estuvieren prontos a marchar y no lo efectúen con la mayor escrupulosidad, sean de la
clase y condición que fuesen.
No espero que haya uno solo que me dé lugar para poner en ejecución las referidas
penas, pues los verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán en
ayudarme, como amantes de tan digna madre, y los desnaturalizados obedecerán
ciegamente y ocultarán sus inicuas intensiones. Más, si así no fuese, sabed que se
acabaron las consideraciones de cualquier especie que sean, y que nada será bastante
para que deje cumplir cuanto dejo dispuesto.
Cuartel General de Jujuy, 29 de julio de 1812. Manuel Belgrano.

Con indios

En Potosí, luego de los triunfos de Tucumán y Salta, cuando no es descabellado pensar que el Alto Perú finalmente verá el triunfo de la revolución, se celebra una fenomenal reunión entre Belgrano y el cacique chiriguano Cumbay. Mitre da cuenta de esto y a Cumbay lo describe como una suerte de “rey bárbaro” de las regiones del Chaco. Ferviente admirador de la revolución, había sido herido por defender su causa en la región de Santa Cruz de la Sierra. Nunca había entrado a una ciudad pero, al saber de la presencia de Belgrano en Potosí, se decidió a hacerlo. Llegó “con su intérprete, dos hijos menores y una escolta de 20 flecheros con carcax a la espalda, el arco en la mano izquierda y una flecha envenenada en la derecha”. Al avistar a Belgrano echó pie a tierra y, mirándole un rato con atención, le hizo decir por medio de un intérprete “que no lo habían engañado, que era muy lindo, y que según su cara así debía ser su corazón.” Se lo alojó magníficamente, se lo hizo participar de muchas fiestas, pero desistió de dormir en una cama preparada para él que era “digna de un rey”. Un importante simulacro militar se montó ante él y solo contestó: “Con mis indios desharía todo eso en un momento”. El encuentro fue decididamente amistoso, en tren de alianza, sin embargo no sabemos cómo prosperó este cacique al que se dejó caer de la historia argentina. Con otro caudillo que tenía especial ascendencia entre los indios de Chayanta, Baltazar Cárdenas se llamaba, la alianza prosperó. Seguramente era indio también, aunque Mitre no lo especifica. Estamos en los días previos a lo que sería la batalla de Vilcapugio (octubre de 1813), y Belgrano acumula fuerzas con la impresión de que está en un momento crucial, decisivo para la independencia de América. Con 2.000 indios acudió Cárdenas a su encuentro, fuerza en número muy importante porque el ejército patriota no superaba los 3.600 hombres. Mitre se debate entre subrayar lo relevante que eran los indios acaudillados por Cárdenas para decidir la batalla, que era mucho más que eso, y condenarlos como una “masa inerte incapaz de resistir en campo raso el choque de una compañía de buenas tropas”. Finalmente, en Vilcapugio –que será un desastre e indicará un nuevo y gravísimo retroceso para la causa revolucionaria– los indios no participaron del combate. “A la espalda de la línea patriota, y a manera de decoración, se veían los altos cerros que la cubrían, coronados por más de dos mil indios desarmados que se habían incorporado el día anterior, juntamente con un escuadrón de Dragones que estaba destacado en Chayanta. ‘Aquellos pobres indios’, dice el general Paz, ‘gozaron como Scipión del grandioso espectáculo de una batalla, sin correr los riesgos’”.

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