Episodio 4: “Distintas en Temporada de Eclipse”, por Dani Umpi

Diarios - Mayo/Junio 2020 - Las Distintas en fuga

Diarios, Pensamiento

Episodio 4: “Distintas en Temporada de Eclipse”, por Dani Umpi

Diarios - Mayo/Junio 2020 - Las Distintas en fuga

¿Alguien se acuerda de cómo era vivir sin celular? El cronista, instalado en Uruguay junto con un grupo de “distintas” como él, va y viene como si fuera una cámara y una memoria externa. Dani Umpi consigue saltar como un duende entre la astrología, los eclipses y las recetas con diente de león.

 

Este tiempo va a arrasar con todo y, aun así, se sigue aprendiendo, incluso sin internet. Como mi chip de celular es argentino y no pagué dos meses, resulta que en Uruguay no me sirve ni para roaming. Así que estoy en medio de la costa, de allá para allá, alojado y guiado por una pequeña comunidad de Distintas, no tan conocidas pero confiables, comiendo ensaladas con Diente de León. Mal wi fi. “¿No te funciona el chip? Eso significa un montón de cosas”, dice una de ellas antes de tomar el vaso con agua con pepino. A ésa no le caigo bien, seguro. Somos demasiado Distintas. No se sabe bien qué es chiste y qué no. Es horrible esa sensación. Es como tener quince años. Ya me di cuenta pero no doy bola y la voy llevando, justamente, porque a cada rato aprendo algo nuevo, la mejor distracción.

La planta Diente de León es buenísima. Tiene una raíz tipo jengibre que estas Distintas usan como café. Comen hasta la flor que guarda más propiedades que la lechuga, la espinaca, la acelga, la radicheta y, bueno, eso dicen. Aunque no sé si la flor es la parte más saludable pero las hojas, seguro. Tiene un gusto fuerte, amargo, mala onda que, junto con la oliva negra, el aceto pesadito, la nuez, las semillas de sémola, las láminas de queso y la zanahoria, le dan un toque a viejo, a pieza encerrada con muebles. Comen bien estas Distintas, bien distinto. En la costa abunda el Diente de León, sobre todo contra la pared. No sé por qué me da asco comer cosas que salen de una pared. También se la puede meter en licuaditos. Lo del chip de mi celu nos hizo hablar un montón en la sobremesa. Nada le gusta más a una Distinta que una buena sobremesa.

Se nota que en la casa principal del complejo de cabañas vivió alguien viejo y, además, cada Distinta trajo lo suyo. Hay una matriz en el orden de los muebles que no se respeta y eso me hace dudar. La mesa grande con sillas de distintos juegos, dos escritorios, tres equipos de música. ¿Cómo puede ser que un grupo de Distintas como estas no haya consultado el feng shui antes de mudarse en comunidad? ¿Cómo decidieron vivir juntas? ¿Por qué no me animo a preguntar? El piso se llena de arena y está bueno para un cafedientitodeleoncito. La humedad del bosque empieza a tomar calor al mediodía y los bordes de las remeras de algodón cortadas con tijera, así no más, entran a enrollarse. Pajaritos. Ladridos. Barbijo abrigadito. Me trago una loratadina gigante. Pienso que estas Distintas son todas tortas pero ¿qué me importa?

Hace poco hicimos con Santito un live de Instagram con los músicos chilenos Sofía Oportot y Tadzzio. Muy interesante. Fue como tener un programa de televisión. Contaron que Tadzzio venía de otra ciudad y estaba durmiendo en el sofá de la casa de una amiga en Santiago hasta que, un día, Sofía dijo “llevémonos a la vagabunda” y así nació el amor, la convivencia. Las Distintas somos siempre vagabundas, aunque se viva con los padres o se esté en matrimonio con tus propios hijes, vamos arrastrando casitas y plantitas de un lado a otro, deteniéndonos, con mayor o menor tiempo, para volver a ver cómo hace el resto de la gente para vivir. Es insoportable. Es una condición. El señor del Buquebús del otro día, trasladando sus bolsas de toallas y sábanas en plena pandemia. Ahora mismo hay una Distinta recibiendo a una pueblerina en la ciudad y otra Distinta recibiendo a una metropolitana en el bosque. Generalmente ni se conocen.

Terminé en un sillón muy cómodo gracias a esa confianza de la distinticidad. Pregunté si tenía algo que ver lo del supuesto “hilo rojo” que une a la gente. Se rieron. Dijeron que esa teoría era una pavada. A mí que, la verdad, todo me da igual, no me pareció tan desubicado hacer ese comentario después de haber escuchado sus charlas de astrología. Nunca antes en mi vida había escuchado hablar tanto de astrología. No sólo en la comunidad de Distintas, sino en la región del último tiempo. En Buenos Aires están zarpadas, es lo más natural, no importa la edad, pero en Uruguay no es algo tan extendido. No es que se persigan otros saberes pero, por lo general, se deja que hablen y hablen hasta que al final se dice “Ah, mirá vos”.

Estas Distintas no paran en el asunto. Por suerte mi carta natal es bárbara. Me explicaron la diferencia entre Horóscopo y Astrología. Me la olvidé en seguida. Es imposible retener tanta información de golpe. Es igual que con el tema de la farándula. Me nombran gente y no sé quiénes son, o veo la cara y no sé el nombre. En mi familia no se hablaba de horóscopos ni de farándula. Ahora tampoco y, si ocurriera, no me extrañaría para nada, o, al menos no tanto como mi padre arrobándome en publicaciones de Facebook. ¿Por qué mi padre quiere que yo lea lo de las vacunas? ¿Mi padre realmente se mete en esas discusiones de ahí? ¿Qué es lo de mí que hace que él piense que puedo llegar a estar interesado en el tema? Es muy raro lo de las redes. Por ejemplo, de repente, me empezaron a seguir como cien cuentas nuevas de Instagram. Nunca me había pasado. ¿Qué onda? Rarísimo. Casi todas truchas y, en simultáneo. Además ahora sigo a un montón de gente que no sé de dónde salió. ¿Estoy hackeado? ¿Es así todo? ¿Tengo que escribir un twitter para que alguien responda? ¿Qué hay que pensar? Misterio. Les pregunto a las Distintas si hablan con sus padres en las redes. No hablan dijeron, pero ese tema dio pie a comentar sobre la vacuna del COVID. Hay un montón de teorías que no conocía.

Les conté la teoría de que puede ser que los virus vengan en meteoritos y que eso explicaría por qué la Fiebre Española, que mató un montón de gente, tuvo dos focos en simultáneo: uno en Estados Unidos y otro en India, creo, en una época en la que no había aviones. La que le caigo mal dijo “Ah, mirá vos”. «Estás como Fulano», agregó. No sé, alguien de la tele. Después estábamos más en la pavada y dije que todo eso de que han creado un virus para controlarnos no es tan bueno como la teoría de que te iban a insertar un microchip. “Una vacuna no puede con un microchip”. Esa frase quedó. Se rieron y siguieron con otro tema pero a la que le caigo mal le re interesó el asunto. La tecnología. Esa cosa Black Mirror. Yo le seguí la charla porque sé más de eso que de astrología. Hay algo en los temas de conversación que te une aunque no te caigas bien con el otro. ¿Qué será? Eso es nuevo. Hasta en la radio más progre hay astrología. Una serie que están viendo todos y yo me engancho recién, en un momento crucial porque se viene la Temporada de Eclipses. La gente interesada en esos temas está como loca. Estas Distintas, no tanto, porque al asunto lo tienen incorporadísimo desde hace años. Es bárbaro. Es como azúcar. La humedad está tremenda. Me vino lumbalgia.

La que le caigo bien dice que tengo que dormir más porque no estoy acostumbrado al viento del mar, que es más importante tapar las orejas que la pelada, que la gente no está elongando y nadie está hablando de eso, que se está “consumiendo mucha mascota”. Subió el consumo de mate. “Por suerte”. Mudarte de la ciudad a la costa es como encender la tele por primera vez en tu vida y tratar de entender la farándula. “Consumiendo mucha mascota”, repite y se ríe. Son graciosas estas Distintas. Hay otras que no, que son un bajón, pero que si escucharan estos chisten los entenderían perfectamente.

Cuando estuve en China me sorprendió el sistema de reconocimiento facial de la policía, mucho más que la ausencia de cash y que todo se hiciera vía códigos QR. Un loco mal. Me sentí en mi futuro, muy campesino. Las cosas iban a ser como son ahora, cualquier cosa. Es tristísimo que estemos en una Pandemia usando Instagram. Tendría que haber otra red. Es como cuando ves el primer video de un youtuber, el primer capítulo de Los Simpsons. Es muy precario. Los filtros son divertidos pero yo pensaba que, en lugar de ser tan led, todo iba a ser más láser. Tocar hologramas, teclas en el aire. Ese era el 2020. Otra Ciencia Ficción. Lo expliqué e, increíblemente, la única que me entendió fue a la que le caigo mal, lo que confirma mi teoría de niño de que la gente a la que le caés mal es porque fueron novios en la vida anterior. Lo comenté y fue la única que se rió. Eso comprueba lo que yo pensaba de adolescente: la persona a la que no le caés bien se siente mal porque ve en vos algo que no le gusta de ella. La persona a la que le caés mal, en el fondo, piensa como vos. Esas cosas andaban por mi cabeza de chico. Perdía mucho el tiempo. Tendría que haber haber consumido una buena mascota.

Me dolía muchísimo la zona lumbar. “No hay que dejar que el dolor se te transmute en sufrimiento” dijeron y ahí mismo llamaron a Silvia, una Mega Distinta que conozco de hace años, que sabe la técnica de la Moxibustión. “Si vas a verla surgirá algo nuevo” profetizó la que le caigo bien. Genial manera de echarme. La sibila predice el destino, la bruja lo realiza. Con la cuarentena no vivimos el equinoccio en la calle, juntos. Nos agarró en casa el período de caza. Busca un antídoto mientras se revitalizan las brujas. Se inventan nuevos dolores. En esa zona del cuerpo se aloja el miedo. Quiero sacarme el miedo como en las sectas, que destruyen el ego hasta el desquiciamieno. Justo en este momento de la Historia se prohíben los aquelarres.

Las Distintas en tres minutos se arengan y ahora todas quieren ir a visitar a Silvia en Punta Colorada. De paso, van al outlet de una barraca a ver si encuentran baldosas en oferta. Quieren aprovechar los últimos soles arreglar el patiecito. Ideas buenísimas aunque, por las dudas, apenas veo una farmacia abierta me compro un diclofenac en gel para los deportistas. Es bárbaro, trae dietilamina, mentol y un montón de lidocaína.

Me encanta cenar con Silvia. Muy de la sobremesa. Siento que vivo como mis abuelas en sus mejores años, sus años de señora. Yo era niño y, claro, mis abuelas eran unas señoronas. Amo. La católica se reunía a tomar el té con unas monjas del barrio. Mis abuelos eran los pocos del barrio que tenían teléfono y había todo un tema con eso. Es de las primeras cosas que recuerdo de mi vida. Gente interrumpiendo las charlas de las monjas para hablar por teléfono a los gritos. Todas las conversaciones eran geniales en mi mente de Distinta chiquita. Se emocionaban fuerte, se enfermaban, se peleaban con los patrones, se mandaban besitos. Silvia sabe de lo que le hablo porque tiene familia en mi zona. Esa parte del interior es muy particular. Hablamos un montón de todos en la sobremesa. Silvia es astróloga. No hay ninguna astróloga que no sea Distinta. Me pongo boca abajo en una camilla y acerca una suerte de cigarro a la zona de la lumbalgia. La piel entra a agarrar temperatura y es como si con una lapicera láser me fuese sacando el dolor, de a poquito. Es una tecnología del futuro. El dolor se me va en una especie de orgasmo, un nuevo Punto G. Escucho a Silvia charlar con las Distintas sobre la Temporada de Eclipse que se viene. Va a estar bravísima porque se alinea Plutón con Saturno, que no se daba desde hace millones de años. El 21 de junio tenemos eclipse total de luna. El 5 de julio es el de sol. Es un proceso escorpiano, mi signo, muy jodido. En setiembre-octubre hay unas alineaciones bravas. En enero, bueno, aprontate.

Me quedo descansando boca abajo, comiendo bloquecitos de dulce de leche seco, mientras las Distintas se van al outlet de la barraca en calle 19 de abril. Aprovecho para acariciar el perro cimarrón de Silvia, que es buena onda. Siempre son bravos. No sabía que los cimarrones atigrados salen junto con los amarillos. Pensaba que eran otra raza. Divinos, pero si los agarrás medio locos son como una persona. Precioso animal.

La que le caigo mal está chocha. Tenía muchas ganas de salir a hacer algo, pasear, arreglar el patiecito. Compró de todo en la barraca, hasta membrana líquida para pintar una pared. Es mejor pintar afuera antes que adentro, así va secando. «Te digo para que sepas», dice. No estoy listo para elongar pero me paro recto, respiro profundamente y exhalo. Me hizo bien venir.

En el atardecer vamos en camioneta hasta el barrio de la Juanita, antes de José Ignacio. No bajamos con nuestros barbijos. Hay surfers, zombies en traje de neoprene, hundiéndose y reviviendo. Un montón de camionetas: Un montón de publicidades de inmobiliarias y perros que esperan ser consumidos como mascotas. Vino Susana Giménez. Lady Gaga sacó un disco. No sé si volverme con las Distintas, quedarme con Silvia, volver a Buenos Aires o meterme con los surfistas. Lo importante es que todo esto ocurrió sin internet en mi celular. Hay una matriz que no se respeta. Hoy es el último día que podré usar mi remera de algodón, de vagabunda. Ya comienza el frío. Hay que invernar. Hay que armarse la casita. La vacuna no puede con un microchip.

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