Día de les trabajadores: Ocio

Cantera, Cine

Día de les trabajadores: Ocio

En el Día Internacional de les Trabajadores, Cantera comparte con les espectadores el cortometraje Amor grafa de la realizadora Andrea Urquiola, acompañado de la reflexión de la artista Laura Spivak acerca del ocio como parte fundamental de los derechos laborales.

Amor Grafa puede verse a través de la página web del 1 de mayo hasta el 1 de junio.

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La iconografía moderna alrededor del “mundo del trabajo” se concentró casi únicamente en la idea de productividad. “El trabajo dignifica” nos han dicho.

Entrado el siglo XXI nos preguntamos: ¿Para qué se trabaja? ¿Con qué fin? ¿Acaso el descanso no es el fin? ¿El disfrute? ¿Será que trabajamos para pagar nuestro derecho al goce?

En Amor grafa, Urquiola ofrece una mirada espía sobre aquellos hombres que habitualmente encarnan a los “hombres trabajando”, pero en este caso, están descansando. Los cuerpos relajados y al sol disparan en la voyeur una serie de fantasías.

De manera análoga, la artista Laura Spivak trabaja cruzando los universos de lo naive con el erotismo en sus obras, permitiéndonos bucear en aquello que nos sucede cuando el relato tradicional y arquetípico sobre determinadas situaciones se subvierte.

Invitamos a les espectadores a compartir estas reflexiones y pensar para sí: ¿Cómo imaginamos la representación del trabajo del futuro?

Amor Grafa
Año: 2009
Duración: 5:55 m
Género: documental
Dirección: Andrea Urquiola
Montaje: Andrea Urquiola
Música: Jay Jay Johanson
Producción: Andrea Urquiola
Títulos y color: Federico Casoni y Quique Silva


“Gustoso y cotidiano”, por Laura Spivak

Hoy amanecí temprano. Son las 10 am y ya estoy volviendo a casa, luego de dejar a mi hijo en una actividad. Paso por la obra de la vuelta, y veo a un grupo de trabajadores, que seguramente arrancaron el día mucho antes que yo, tomando mates al sol. Haciendo lo mismo que hago todas las mañanas antes de subir al taller a trabajar. Recuerdo el corto de Andrea Urquiola, y vuelvo a pensar en esos rituales aparentemente irrelevantes e improductivos, pero imprescindibles. Y hago fuerza para que no pasen inadvertidos y se diluyan en la vertiginosa, muchas veces apabullante, cotidianeidad.

Laura Spivak

 Son tiempos difíciles para el disfrute. Darle un espacio –y reconocerlo– es un trabajo y una dedicación. El ocio, el placer y el disfrute han sido siempre una gran preocupación para mí, no solo en lo personal sino también proyectados en la vida de cada uno de nosotros. Y si bien a veces hablar de ello parece algo dado y obvio, banal, sobrevalorado e incluso improductivo, no debiera ser subestimado. Porque es vital y esencial; y, por eso, un tema fundamental en mi producción artística.

Buceando en mi web –casi como si yo no fuera yo– repasé obras, proyectos, muestras. Como una forma de reconectar con un universo que ahora se encuentra, más que nunca, debajo de capas y capas de una realidad difícil y preocupante. Leyendo los textos, recordé con felicidad que fueron escritos por gente querida que amorosamente supo poner en palabras la esencia de mi trabajo (quizás más que en los propios, que aún sigo releyendo con pudor). Vuelvo a descubrir que ciertos términos/conceptos aparecen una y otra vez de la mano de todos ellos: placer, sensualidad, deseo, emoción, simplicidad, alegría.

Allá por el 2008, Florencia Braga Menéndez decía que mis personajes eran “representaciones simples de nuestros deseos y primeras expectativas, antes de sentir el mundo como una imposibilidad”. Esa imposibilidad, presente y cotidiana, se diluye y encuentra un terreno fértil en mi trabajo. Donde la búsqueda de la felicidad y del placer no tiene límites ni inhibiciones, y es habitado por personajes alegres y luminosos en naturalezas simples y coloridas, sin grandes necesidades pero con monumentales expectativas si de disfrutar se trata. Una proyección de mis más profundas –y muchas veces utópicas– aspiraciones.

Obras en las que además se traduce el placer de la experiencia del hacer y de las materialidades, que se revela en acciones tan elementales como abrir el pote de pintura acrílica como si fuera un frasco de dulce de leche; o el tiempo en el taller, aunque sea intermitente y compartido con mails, wsps, ropa para tender y milanesas para poner en el horno. Todo mezclado, pero afortunado. Muy afortunado. Y nutriendo el aura de cada proyecto: cotidiano y gustoso.

En los últimos años, el goce juguetón de aquellos personajes fue mutando hacia uno quizás menos expansivo pero igual de relevante, más plácido y cercano; expresado a través de imágenes que son fragmentos de escenas casuales, espontáneas. Como llamados de atención sobre los pequeños placeres cotidianos y su belleza. Placeres al alcance de todos, si nos encuentra disponibles, que no es poco. Una reposera, la sombrilla de la pileta, la luz de la cocina reflejada en el pasillo, la sombra de la parrilla sobre los ladrillos refractarios.

Hace muchos años Eduardo Basualdo escribía: “Imagino a Laura en el jardín de su casa con la radio AM escupiendo su mantra dominguero y su perra tendida al sol mientras ella termina la segunda ceja del enano”. Y tan solo leerlo me teletransporta rápidamente al patio de mi familia en Mar del Plata donde cada año repetía -como un ritual- la restauración del enano de jardín de mi padre, mientras uno cortaba el pasto y otro iba preparando el asado. Y caigo en la cuenta de que siempre tuve cierta tendencia a encontrar el disfrute en lo cotidiano, aunque quizás recién ahora pueda reconocerla más claramente.

El año pasado, en plena cuarentena, restauré el enano de jardín de casa con mi hijito Tomás, y le guardé un poco de amarillo a mi papá, que lo necesitaba para el suyo. Ahora ambos lucen brillantes y relucientes. Pero con el tiempo volverán a descascararse, y allí estaremos, dispuestos a disfrutar de nuestro ritual y ponerlos a punto nuevamente. Con la certeza de que son estos pequeños rituales de goce, de disfrute, de placer, de encuentro, los que nos constituyen, los que nos impulsan, los que nos sostienen. Sin perder de vista que la vida está llena de matices, de luces y de sombras, pero con el deseo y la convicción de hacerlos posibles.

Buenos Aires, 2021

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