“Trabajadores: la lucha y la fiesta”, de Alejandro Fernández Mouján

“Trabajadores: la lucha y la fiesta”, de Alejandro Fernández Mouján Mayo, mes del trabajo - Muestra virtual

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El primero de mayo durante el peronismo, con material del Archivo General de la Nación

En ocasión del mes del trabajo, el Centro Cultural Kirchner y el Archivo General de la Nación (AGN) presentan dos piezas audiovisuales dirigidas por el documentalista Alejandro Fernández Mouján, compuestas con material del Archivo. La muestra virtual, que recupera la experiencia de las movilizaciones obreras del 1 de mayo durante el peronismo, está centrada en 1948 y 1953.

Presentación, por Javier Trímboli

Miles de rostros anónimos y algunos pocos nombres propios, el de Perón y el de Eva por supuesto, se entremezclan en estas dos piezas realizadas por Alejandro Fernández Mouján. Escenas multitudinarias captadas desde los balcones de la Casa de Gobierno que, si se desmadejaran, nos conducirían, siguiendo los pasos de sus protagonistas apenas entrevistos, a cientos de barrios y ciudades, a miles de hogares y fábricas. 

En los dos videos que compone Fernández Mouján la pantalla les pertenece más a los rostros de trabajadores y trabajadoras, a su presencia en masa, que es agitada y sólida la vez, que a las figuras que se recortan nítidas, con palabras propias y fechas de nacimiento más o menos seguras.

Como si la historia entrara en un esquema fácil, se ha dicho que el 1 de mayo –el Día Internacional de los Trabajadores– era una jornada de lucha, agria y punzante, hasta que el peronismo la volvió una fiesta, una marca más del carnaval generalizado. Esto último sobre todo, peyorativo, corrió por cuenta de quienes odiaron al peronismo, porque afectó a sus intereses de clase o porque no pudieron entenderlo ya que toda una sensibilidad los alejaba de él. Sin embargo, también desde sus propias filas se propuso esa divisoria de aguas: antes, lucha como sinónimo de padecimiento; a partir del 17 de octubre de 1945, celebración festiva. 

Fernández Mouján acude al archivo y se centra en los primeros de mayo de 1948 y 1953, aunque no deja de lado el de 1952 y el de 1954. La imagen que produce y nos devuelve a través de estas dos piezas es una en que la fiesta no borró a la lucha y en que la lucha no disimuló a la fiesta.
 
Entrelazadas, en la filigrana de una encontramos a la otra y viceversa.

Hay mucha risa en los rostros del 1 de mayo de 1948. Eva Perón ríe cuando conversa con las reinas del trabajo de las diversas regiones del país y ellas ni por un segundo se sacan de la cara la alegría. Allí se detiene Fernández Moujan. Desparpajo y contento transmiten las columnas desordenadas de trabajadores que se acercan a la Plaza de Mayo. Pero en el nervio de las palabras de Eva, en su hablar agitado y recio, se hace presente la tensión, la humillación por largo tiempo vivida. Si se invierte en presentar con pausa y grandilocuencia el decálogo de los derechos de los trabajadores es porque se sabe que el respeto por ellos es inédito en nuestra tierra –¿acaso no en toda tierra?–, que siempre están en riesgo.

En 1953 la lucha está a flor de piel. Porque es la primera fiesta de los trabajadores sin Eva, porque apenas quince días antes bombas habían explotado en la Plaza de Mayo, en medio de una gigantesca movilización convocada por la CGT, y segaron la vida de un puñado de manifestantes (un año después a uno por uno los nombrará Perón). Los gestos transmiten preocupación, hombres y mujeres miran con atención, expectantes. Pero cuando ese primero de mayo Perón ironiza al decir que se habían equivocado los opositores de táctica terrorista, pues habían creído “que a un pueblo como éste se lo puede asustar con bombitas”, la multitud estalla también en carcajadas.

“Trabajadores del mundo, ¡uníos!”. Sí, estas palabras hace suyas Perón el primero de mayo de 1953. La pieza que elabora Fernández Moujan, su trabajo en el archivo, logra rescatarlas: “Esta es la hora para lanzar nuevamente al mundo la sagrada frase de la liberación, diciendo en todos los idiomas de la tierra: trabajadores del mundo, ¡uníos!”. Viaje fenomenal desde el Manifiesto Comunista de 1848 a la Plaza de Mayo rugiente, en una jornada que concluye, por supuesto, con la elección de la Reina del Trabajo. De repente, los mártires de Chicago también festejan ese primero de mayo de 1953 entre un aluvión de cabecitas negras.

Si los títulos que Fernández Mouján añade con letra roja para replicar lo que oímos aproximan a estas piezas a procedimientos propios de un noticiero, añadamos que se trataría de uno remoto e improbable, un noticiero que advirtiera que las noticias del presente se alimentan del pasado y avisan que las disputas seguirán vivas en el futuro.

¿Es amor la palabra que le cuadra a la relación que ha entretejido desde hace años Fernández Mouján con las huellas del pueblo peronista? Aunque de tan manoseada esté amenazada de significar ya poco o nada, sospechamos que sí y que de esta forma incluso la vieja palabra recupera su sentido.



1948. Trabajadores: la lucha y la fiesta, de Alejandro Fernández Mouján




1953. Trabajadores: la lucha y la fiesta, de Alejandro Fernández Mouján 
 

Acerca de Alejandro Fernández Mouján

Nacido el 21 de octubre de 1952 en Buenos Aires, Alejandro Fernández Mouján es director, guionista y director de fotografía. Comenzó su carrera con el documental Banderas de humo (1989) y desde entonces ha dirigido más de quince obras entre largos, cortos y series para televisión. Entre sus trabajos, se destacan Las Palmas Chaco (2002) seleccionado en IDFA, Visions de Réel, BAFICI y Cinema du Réel, entre otros; Espejo para cuando me pruebe el smoking (2005), participante en FidMarseille, BAFICI, Festival de Cine de La Habana y Festival de Cine Latinoamericano de Trieste; Pulqui, un instante en la patria de la felicidad (2007), que logró el Premio Fipresci a mejor película en 2006; y el cortometraje Soy un alma sin ley en el mundo (2008), seleccionado en DeiPopoli, Visions du Réel y en las Jornadas de Cinema da Bahía (Brasil).

Su último largometraje Damiana Kryygi (2015) participó en una veintena de festivales nacionales e internacionales, como HotDocs, Al Jazeera, Margaret Mead, Bergen Film Festival, FILMAR, Cinélatino Rencontres de Toulouse, y ganó el premio como mejor película en Society for Visual Anthropology 2015. También recibió mención especial del jurado en el Festival de Cine de Biarritz y mención especial en AtlantiDoc. Como director de fotografía, participó en películas como Memoria del saqueo y La dignidad de los nadies, de Fernando Solanas.
 
Además, Fernández Mouján fue director del área de Cine Ficción y Documental de la Televisión Pública (2006-2015) dando lugar a la difusión y creación de contenidos culturales e históricos de relevancia.

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