Ricardo Strafacce: “Un fantasma recorre el mundo”

Ricardo Strafacce: “Un fantasma recorre el mundo” Diarios: narrativas desde el aislamiento

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Episodio 3: “Un fantasma recorre el mundo”

Como un lobo feroz, lobo enjaulado, lobo intelectual y en cuarentena, Ricardo Strafacce va de la televisión a la política, de la cuarentena del mundo a sus asuntos. por todas partes, un fantasma recorre el ambiente. y no hay alcohol para tentarlo.

…y las viejas familias cierran las ventanas,
afianzan las puertas,
y el padre corre a oscuras a los bancos
y el pulso se le para en la Bolsa.
Rafael Alberti

I. La bolsa o la vida
Prefiero empezar con Moris, el poeta de Treinta minutos de vida (“Todo empezó con el chiste que decía / lo tuyo es mío / y lo mío / es mío”), que con Eduardo Amadeo, ex-justicialista, actualmente PRO y gusano de toda la vida (“En la pospandemia, primero crecimiento y después distribución”).

Con un hippismo político que apena, el Presidente predica el amor y la paz y se queja de los “odiadores seriales”. Pero el establishment no juega a los dados y ha mandado a la cancha a unas dos docenas de plumas y gargantas dóciles (“periodistas”) que parecen competir en quién vitupera más y mejor al gobierno.

En ese designio, se ha llegado a situaciones ridículas, como la que protagonizaron el conductor televisivo favorito de los imitadores y un escritor alquilado que lo acompaña habitualmente. Al comienzo de la cuarentena, como no lograban que el ministro de Salud de la Ciudad criticara el manejo de la crisis que hacía el Presidente, lo trataron poco menos que de traidor. “Nosotros coincidimos con las políticas sanitarias del gobierno nacional y trabajamos juntos”, alcanzó a decir Fernán Quirós antes de que lo echaran del estudio poco menos que a empujones.


II. Mi cuarentena
Taller Aira-Puig vía Zoom. De pronto, una revelación: en Fulgentius, de César Aira, que, según consigna su autor al final del texto, se terminó de escribir el 25 de enero de 2017, aparecen dos frases que hoy resuenan de manera muy especial: “La reanimación del comercio mantendría ocupados a los sobrevivientes, y no tardarían en aparecer los magnates, garantía de paz…” (p. 132). “Una vez erigida la pila de cadáveres debía saber trazar las líneas de la prosperidad futura” (p. 134).

III. Sobredosis de T.V.
El autoerotismo también contagia. Los juguetes para adultos se deben lavar con lavandina o alcohol en gel. No vale vaselina.

Los jubilados que deseen trasladarse al exterior o salir al patio no necesitan presentar el certificado de supervivencia.

Wiñaski no pudo ver a la sobrina (Bazán mandó condolencias).


IV. La vida hecha bolsa
Ángel Spotorno administraba un blog (o un grupo de Whatsapp o un Tea Party o una usina de trolls anticomunistas) que se llamaba “Argentina no será Roja”. Como es sabido, organizaba manifestaciones en contra de la cuarentena y, a pesar de sus 75 años, no se cuidaba en absoluto. Le gustaba sacarse fotos que dieran cuenta de su convencida militancia en el partido político pro. En una, que quizás fue de sus favoritas, se lo ve sonriente junto al diputado Fernando Iglesias (que también le teme a una Argentina enrojecida) en la Plaza de Mayo. El 16 de junio de 2020 falleció tras infectarse de Covid 19.

Spotorno dio su vida por el capitalismo, una religión que exige sacrificios humanos.


V. Mi cuarentena
Hace alrededor de quince años, el suplemento Cultural del diario Perfil incluía en la página 2 de su edición de los domingos la entrevista (más bien una encuesta) a un escritor. Eran diez preguntas –siempre las mismas− y no se apartaban mucho del cuestionario clásico (¿Qué fue lo primero que leyó?, ¿Qué fue lo primero que escribió, etc.). La última pregunta, quizás porque era, precisamente, la última, tenía, al menos para mí, un valor especial. Y era la primera que leía cada vez que me llegaba el suplemento en cuestión. ¿Cuáles son sus rituales en el momento de escribir? Tal el detalle íntimo que el encuestado debía revelar.

Se trataba de una pregunta demasiado fácil y a la vez demasiado difícil. Cuando me llegó el turno yo estaba preparado (decenas de colegas ya habían pasado por esa encuesta) pero, al mismo tiempo, vacilante. Igual que cuando leía las respuestas de otros en ediciones anteriores, pasé por alto las primeras nueve y me concentré en esa décima pregunta. ¿Qué contestar? ¿Cuáles eran mis rituales en el momento de escribir?

Repasé algunas respuestas posibles:

−Preparo un té de hierbas relajantes.

−Me pongo ropa cómoda.

−Prendo un sahumerio.

−Escucho música barroca a volumen bajo.

−Le paso el plumero al retrato de Borges.

Como ninguna de estas respuestas me convencía, contesté lo primero que se me ocurrió: “Tabaco y alcohol. Más que rituales, la religión misma”, dije. No imaginé -mal hecho- cuánta verdad había en aquella respuesta.


VI. Sobredosis de T.V.
La botella, botellita o botellón de lavandina trae virus del lado de afuera. Ni hablar del alcohol en gel.

El paciente asintomático que perciba la jubilación mínima puede optar por el régimen simplificado en el cual pasaría a no cobrar nada aun cuando tenga habilitada la tarjeta de débito.

Wiñaski no pudo ver a la sobrina (Longobardi mandó condolencias).


VII. La bolsa o la vida
Diálogo sensible entre EMPRESARIO TOP y periodista FELP:

EMPRESARIO: –Bueno, che, a meterle con todo contra la cuarentena.

FELPUDO: –¿Estamos en contra de la cuarentena, no es cierto señor?

EMPRESARIO: –Lógico, lógico…

FELP: –Claro… Si no se mueren de coronavirus se van a morir de hambre. Es lo mismo.

EMP: –No, no es lo mismo. Es casi lo contrario.

FELP: –No lo entiendo, señor.

EMP: –Si, ya sé que te cuesta. Escuchame: no es lo mismo. No se van a morir de hambre así nomás. Antes de morirse de hambre van a saquear supermercados chinos, después van a saquear supermercados grandes... El gobierno les va a tener que dar plata, nos van a apretar a nosotros para que entreguemos comida. Se puede poner difícil la cosa.  Hasta son capaces de saquear bancos.

FELP: –¡Saquear los bancos, Dios no permita!

EMP: –En cambio los infectados, ¿qué van a hacer? ¿Van a saquear una farmacia?

FELP: –¡Saquear una farmacia, ja, ja! ¡Muy bueno, señor, muy bueno!

EMP: –¿Vos te imaginás una manifestación de Coronapositivos?

FELP: –¡’Ma qué manifestación! ¡Se mueren solos, caen como chorlitos!

EMP: –Pará, che, son gente. Más respeto.

FELP: –Más respeto, más respeto.…

EMP: –Bueno, andá. ¿Entendiste todo, no?

FELP: –Todo entendido, señor.


VIII. Mi cuarentena
No había pasado un mes desde la salida de la clínica cuando comprendí la profunda, la dolorosa verdad que implicaba aquella respuesta mía a la última pregunta del suplemento de Perfil.  Mientras iba haciendo pie, despacio pero seguro, en todos los aspectos de mi vida anterior, empezaba a notar, primero con perplejidad y enseguida con preocupación, que sin tabaco y sin alcohol no podía escribir.

Una adicción es como un gran amor. No se pude reemplazar con otro amor. En este caso, para colmo, eran dos amores. Dos amores que, juntos, aparentemente eran más fuertes que mi amor a la literatura. Como si la literatura hubiera sido siempre una coartada para beber y fumar tranquilo.

No estoy del todo seguro de que las cosas no fueran realmente así.               

En cualquier caso, ya durante la cuarentena, pude al fin escribir sin tabaco y sin alcohol. Salió una novela breve que titulé El galpón y que subtitulé, in pectore y macedonianamente, Primera Novela Abstemia.
 
Lo cual tiene una ventaja adicional: podría tratarse de la Última Novela Mala.


IX Sobredosis de T.V.
La autorización para circular se puede llevar en el celular o  impresa en el barbijo (del lado de afuera).

La caspa no se considera síntoma. Ergo, las peluquerías permanecerán cerradas.

Wiñaski no pudo ver a la sobrina (Novaresio mandó condolencias).


X. La bolsa o la vida
El descaro de los capitalistas argentinos (empresarios, “periodistas” y la zarzuela del obelisco) ha superado todos los límites. Después de años de repetir como loros cuando-paga-el-Estado-pagamos-todos, de repente se olvidaron de la frasecita.

Son pillos y vivarachos. El Estado Argentino, en cambio, es bobo y masoquista. Les paga la mitad de la nómina salarial a los empresarios cuyos amanuenses no hacen otra cosa que denostarlo. ¿No sería más lógico que los empresarios reinsertaran en el circuito productivo lo que ganaron en ejercicios anteriores? ¿Qué culpa tiene el Estado del Coronavirus para pagar la mitad de los sueldos? ¿Qué culpa tienen los trabajadores para que se les rebaje el 25% del salario? Se dirá que los empresarios tampoco tienen la culpa. Puede ser. Pero ellos asumen el riesgo. Por eso son los que se llevan todas las ganancias. Si no comparten las ganancias con los trabajadores, ¿por qué les quieren hacer compartir las pérdidas?

El hecho de que el Estado pague la mitad de los sueldos que deberían pagar las empresas privadas tiene un costado perverso: cuando un trabajador compra cualquier cosa (un paquete de fideos, por ejemplo), como en el precio se incluye el IVA, si cuando cuando-paga-el-Estado-pagamos-todos, se está pagando su propio salario.


XI. Mi cuarentena
Algunos políticos se lucieron en estos días sacando a pasear el inconsciente en plena cuarentena.

Un gobernador, apurado por enumerar las ramas de la producción que habían debido paralizar sus actividades debido a la pandemia, fue sincero. Demasiado sincero quizás: “Fíjesé que están cerrados los cabarets… Perdón, los salones de fiesta…”.

Un intendente, preocupado hasta la locura por la educación, no se anduvo con vueltas: “¡El año electoral…, el año lectivo ya se perdió!”


XII. Sobredosis de T.V.
Los monotributistas de la primera categoría no están obligados a salir si no quieren, aun después de levantada la cuarentena.

Ablución matinal: lavarse primero las manos y después la cara, no al revés.

Wiñaski no pudo ver a la sobrina pero el tema ya no interesa. En cualquier momento vuelve a lloriquear.

Acerca de Ricardo Strafacce

Ricardo Strafacce nació en Buenos Aires en 1958. Publicó Osvaldo Lamborghini, una biografía (Mansalva, 2008), César Aira: un catálogo (Mansalva 2018) y las novelas El crimen de la Negra Reguera (Beatriz Viterbo, 1999), La banda del Dr. Mandrile contra los corazones solitarios (Beatriz Viterbo 2006), La boliviana (Mansalva, 2008), La transformación de Rosendo (Mansalva, 2009), Carlutti y Pareja (Mansalva, 2010), Crímenes perfectos (Mansalva, 2011), El Parnaso Argentino (La calabaza del diablo, 2012), Frío de Rusia (Blatt & Ríos, 2013), La novelita triste de Osvaldo Lamborghini (Milena Caserola, 2013), Gerardo y Mercedes (Wu Wei, 2013), La conversación (La propia cartonera, 2014), Ojo por diente seguida de El chino que leía el diario en la fila del patíbulo (Blatt & Ríos, 2014)  y La escuela Neolacaciana de Buenos Aires (Blatt & Ríos 2017). En poesía, Bula de lomo (Spiral Jetty, 2011), De los boludos no tenemos la culpa (Pánico el pánico, 2012), Pelo de Cabra (Mansalva, 2015), Anna Livia Bolivianna (Borde Perdido, 2018), y en teatro La editorial (Libreto 2014) y Love mi do (Borde perdido, 2020). En 2014 recibió el Premio Konex y en 2016 el Premio Municipal de Literatura. Fue traducido al francés y al hebreo.

Acerca de Diarios

Diarios es un registro colectivo, literario y documental producido en situación de pandemia. Escritores y escritoras convocados por el Centro Cultural Kirchner producen durante cuatro semanas textos en torno a un asunto, un personaje, una preocupación real o alucinada. En esta tercera entrega, entre julio y agosto, escriben de viernes a lunes Elsie Vivanco, Ricardo Strafacce, Luis Sagasti e I Acevedo.

Fotografía de portada: Dagurke

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