“Próceres de artistas”, por Valeria González

“Próceres de artistas”, por Valeria González Año del General Manuel Belgrano

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Figuras históricas en clave contemporánea

Desde las prácticas curatoriales de arte contemporáneo, el Año del General Manuel Belgrano nos da la posibilidad de reconectarnos con un campo de antecedentes reciente, pero suficientemente rico y potente. Como afirmó Isabel Plante, curadora de Panteón de los héroes (Fundación OSDE, Buenos Aires, 2011), la exposición surgía de una evidencia: de un modo “cada vez más recurrente”, los artistas contemporáneos “ensayan representaciones alternativas, distorsionan, citan o intervienen los íconos de nuestra historia”. Lejos del reciclaje banal de tanto arte posmoderno, las reapropiaciones que destaca Plante operan una “profanación” de los imaginarios patrióticos con el fin de “reponer la vida activa de los conflictos”, esto es: si la historia es menos un conjunto de hechos que un relato selectivo, cabe preguntarse qué y quiénes han sido dejados al margen.
 



Chiachio & Giannone
Próceres, 2004
Grafito sobre papel y bordado a mano, 84 x 100 cm





Cristina Coll
Homenaje a Juana Azurduy, 2009
Videofotoperformance, 3’49”

 
La pareja de artistas Leo Chiachio y Daniel Giannone, por ejemplo, aportaron a la muestra un doble autorretrato: en tanto la finura y ductilidad del grafito les permite representarse a sí mismos como Bolívar/Héctor Alterio y San Martín/Alfredo Alcón (El santo de la espada, 1969), el paciente primor del bordado a mano transmuta los uniformes militares al código del cuidado doméstico, tradicionalmente asociado a las mujeres, y “actualiza las figuras heroicas, imaginando una escena de intimidad y ternura” –en palabras de Isabel–. De esta ternura homoerótica, la exposición nos proponía pasar al video en el que Cristina Coll se apropia –en tono apasionado, y al compás de un bolero romántico– de la figura militar de Juana Azurduy, probable arqueo-heroína del goce corporal del travestismo. Había mucho humor en la muestra, sí: pero nada de esa risa sarcástica que busca corroer la integridad de un oponente. Más bien una risa ética –como diría Deleuze, propia de un Spinoza (“Ja ja ja… ¡miren de lo que este es capaz!”)–, una risa cómplice que quiere bajar a los héroes del pedestal, volverlos a la vida, en una época que (con todo) es mucho más inclusiva, generosa y plural que la que les tocó vivir a nuestras personalidades revolucionarias.
 



Gabriel Chaile
Postal, 2010
Fotoperformance, 90 x 120 cm

 
Cuando hablábamos, a fines de los noventa, de los procesos de “feminización” del arte, nos referíamos a procedimientos estéticos pasibles de ser conceptualizados en términos de distinciones de género, y no al dato biográfico de las elecciones sexuales de sus autores, que pueden (pero también no) resultar necesariamente significativas para dicho análisis. En opinión de la psicoanalista Graciela Longoni, es posible ligar, desde una perspectiva lacaniana, lo femenino al procedimiento de la copulación (A y B y C y… X) como distinto de la disyunción (A o B, B o A) que regula la neurosis obsesiva. En este sentido, podemos distinguir los procedimientos visuales de sintaxis aditiva de las estéticas reduccionistas, o puristas, que dominaron en la modernidad. La simetría que rige el reguero de edificios estatales neoclásicos a lo ancho de todo el mundo es quizás su subproducto más ubicuo. Tan internalizada tenemos la vinculación entre la simetría de fachada y el decoro oficial que, con el simple gesto de Gabriel Chaile de pararse ataviado al lado de uno de los granaderos en la Casa de Tucumán, de “contaminar” el dos con tres, nos provoca risa inmediata. De nuevo, el humor como llave para abrir una puerta donde entremos más personas.

 


Leonardo Ramos
El héroe es la multitud, 2009
Acción de emplazamiento de (falsas) placas conmemorativas en el monumento a Belgrano en Resistencia, Chaco.
 

“El héroe es la multitud” tituló Leonardo Ramos a una acción en torno al monumento de Belgrano, en la plaza homónima de su ciudad, Resistencia, en Chaco. Su propuesta aunaba dos maneras muy sencillas de incorporar al cuerpo del monumento a los transeúntes y a los que quisieran participar: volver espejo su gran pedestal y repartir fotocopias símil placas de bronce para que cada une eligiera su propia frase recordatoria. La iniciativa formó parte del proyecto La obsolescencia del monumento, curado por la artista Patricia Hakim, realizado en 2009, muy acertadamente, en “la” ciudad de las esculturas. En la obra de Ramos queda claro que la obsolescencia de las formas (tipo escultura figurativa sobre pedestal) no es más que el umbral para hablar de la obsolescencia de ciertas formas puramente retóricas de democracia y propiciar formas más concretas de participación. De este modo, una vez más, la disolución humorística de la efigie patriótica no opera sino como una potenciación política de esta figura. En un ya clásico texto sobre arte contemporáneo y espacio público, Sven Spieker introducía la idea de injerto: un monumento está muerto hasta que no es “injertado”: bella imagen, más vital, para hablar del momento en el que ciertos dispositivos públicos, que se han vuelto anodinos o invisibles, son reapropiados en relación a algo que resulta relevante para alguna comunidad.




Esteban Álvarez
Coronel Olavarría, 2006
Foto digital, toma directa, 40 x 50 cm

 
Bella imagen, más vital, porque introduce la capacidad de los organismos vivos de adaptarse y proliferar asociándose con otras especies (Spieker hablaba de “archivos vivos”, seguramente sin conocer entonces los conceptos de coevolución interespecies, ahora centrales en los pensamientos posthumanos, ecofeministas y queer). El artista Esteban Álvarez declaró como arte (al fotografiarla) la acción de dos familias de horneros que construyeron sus nidos buscando protección en los hombros-charreteras del coronel Olavarría. De este modo, los horneros –y el artista– volvieron a este coronel, un poco fracasado en su estatura militar debido a coyunturas políticas, a volverse potente en su rol de cuidar y dar abrigo. Un rol tradicionalmente identificado con la labor de las mujeres redime a este héroe algo marginal de las violencias del patriarcado del que él también, como tantos varones, fue propulsor y víctima.

Valeria González




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