Obras de compositoras, por el Dúo Isas-Kwiek

Obras de compositoras, por el Dúo Isas-Kwiek Domingo 10 de marzo, 20h - Sala Argentina

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Un concierto especial en homenaje a las mujeres

Como cierre de un fin de semana de homenaje a las mujeres, el Dúo Isas-Kwiek –integrado por Cecilia Isas en violín y Alan Kwiek en piano– interpreta obras de compositoras de Europa y América: Amanda Maier (Suecia), Grazyna Bacewicz (Polonia), Clara Schumann (Alemania), Lili Boulanger (Francia) y Pía Sebastiani (Argentina).
 
Las entradas son gratuitas y se podrán retirar personalmente a partir del miércoles 6 de marzo, de 12 a 19, en Sarmiento 151, hasta agotar la capacidad de la sala (y hasta dos entradas por persona). También se podrán reservar a través de esta página. Las reservas deben retirarse desde el mismo miércoles, de 12 a 19, y hasta dos horas antes del espectáculo.

Dúo Isas-Kwiek
Dúo Isas-Kwiek
Cecilia Isas
Alan Kwiek

Programa

Clara Wieck Schumann (Alemania, 1819-1896): De las Romanzas op. 22
                                 1. Andante molto - 2. Allegretto
Grazyna Bacewicz (Polonia, 1909-1969): Concertino ***
                                1. Allegro moderato - 2. Romance - 3. Finale, vivace
Amanda Maier (Suecia, 1853-1894): Sonata en si menor
                                1. Allegro - 2. Andantino - 3. Allegro molto vivace
 
Pía Sebastiani (Argentina, 1925-2015): Canción de cuna para Bibi
Lili Boulanger (Francia, 1893-1918): Nocturno
Amy Beach (Estados Unidos, 1867-1944): Romanza op. 23
Grazyna Bacewicz (Polonia, 1909-1969): Sonata n° 3 ***
                                1. Allegro moderato - 2. Adagio - 3. Scherzo - 4. Finale
 
***Doble aniversario, a 50 años de su fallecimiento y 110 años de su nacimiento

Notas del programa

Por el Dúo Isas-Kwiek

El presente es un programa pensado para homenajear a las mujeres compositoras, teniendo en cuenta el limitado espacio y el injusto tratamiento que se dio a la producción musical proveniente del género femenino.

Las elegidas para el programa son compositoras de diferentes períodos y países, y representan una parte infinitamente pequeña dentro de la enorme cantidad de música escrita por mujeres. Fue ardua la tarea de selección de las obras, que son el resultado de una investigación intensa; creemos que la selección que ofrecemos puede dar un panorama contrastante dentro de lo que permite una presentación en vivo.                  
                      
Convencidos de que el contacto con estas obras despertará el interés por este repertorio muy poco transitado, esperamos que el público lo disfrute tanto como nosotros y penetre en este mundo de alto nivel artístico musical.

Amy Beach (EE.UU., 1867-1944), nacida en Henniker (New Hampshire), estudió piano con su madre desde los seis años, y rápidamente se convirtió en una niña prodigio del instrumento: a los siete años ofreció su primer recital. En 1875 su familia se trasladó a Boston; allí Amy estudió armonía, contrapunto y composición. Diez años después debutó con una de las orquestas más importantes de EE.UU., la Sinfónica de Boston. Casada con el Dr. Henry Beach, limitó sus apariciones públicas y se dedicó casi en exclusiva a la composición. Autora pionera –fue la primera mujer americana en componer una sinfonía–, logró abrir las puertas de las sociedades musicales de la época a las muchas mujeres que en el siglo XX deseaban ver interpretadas sus obras. Su estilo, no ajeno a las influencias de Wagner, Brahms y Debussy, se enriquece con el folklore americano y con su talento para ideación de melodías. Tras la muerte de su marido en 1910, retoma su carrera interpretativa con una gira que comienza en Alemania y por la que se da a conocer como intérprete y compositora por el centro de Europa, y regresa a EE.UU. en 1914, para dedicarse con éxito a su carrera de pianista y compositora. En su catálogo se destacan la Misa opus 5, la Sinfonía Gaélica opus 32, el Concierto para piano opus 45, el Quinteto con piano y la Romanza para violín y piano. 

“…No estoy de acuerdo con una afirmación que escucho muy a menudo de que si un compositor descubre su propio lenguaje musical debe adherirse a este lenguaje y escribir en su propio estilo. Tal enfoque para este asunto es completamente extraño para mí, es idéntico a la renuncia al progreso, al desarrollo. Cada trabajo completado hoy se convierte en el pasado de ayer. Un compositor progresista no estaría de acuerdo en repetirse incluso a sí mismo. No solo tiene que profundizar y perfeccionar sus logros, sino también ampliarlos. Me parece que, por ejemplo, en mi música, aunque no me considero una innovadora, se puede notar una línea continua de desarrollo. […] Mi taller de composición y el surgimiento del trabajo son para mí algo personal e íntimo. Los compositores contemporáneos, y al menos un número considerable de ellos, tienen una postura diferente. Explican qué sistema utilizaron, de qué manera llegaron a algo. Yo no hago eso. Creo que la cuestión de la forma en que uno llegó a algo es, para los oyentes, sin importancia. Lo que importa es el resultado final, ese es el trabajo en sí…”, afirmaba en 1964 la compositora polaca Grażyna Bacewicz (1909-1969). El suyo es un caso interesante en la historia de la música polaca. Al igual que Frédéric Chopin, provenía de una familia binacional y, con un padre lituano y una madre polaca, podía elegir su identidad nacional. Ella eligió ser polaca. Niña prodigio, Grażyna dio su primer concierto a los siete años (con sus hermanos); compuso su primera pieza, Preludios para piano, a los trece años. Después de inscribirse en el Conservatorio de Música de Varsovia para estudiar violín y piano, en 1928, Bacewicz comenzó sus estudios de filosofía en la Universidad de Varsovia (completó un año y medio). Continuó su formación musical en el Conservatorio, estudiando composición con Kazimierz Sikorski, violín con Józef Jarzębski y piano con Jan Turczyński; se graduó summa cum laude en 1932. Por consejo de Karol Szymanowski, estudió en París composición con Nadia Boulanger y violín con André Touret y Carl Flesch. En ese momento, adoptó el estilo neoclásico para su lenguaje compositivo y se convirtió en la primera compositora polaca en alcanzar la talla nacional e internacional. Después de la finalización de sus estudios, participó en numerosos conciertos y festivales como intérprete, compositora y miembro de importantes jurados. En la década de 1930 fue la violinista principal de la Orquesta de Radio de Polonia. Obtuvo premios a lo largo de toda su carrera tanto en Polonia como en el resto de Europa.

Lili Boulanger (Francia, 1893-1918) se formó en el Conservatorio de París. Aunque la composición fue su gran vocación, también tocaba el violín, el violoncello, el arpa, el piano y el órgano. A los dos años de edad, Lili sufrió una neumonía que provocó que su sistema inmunitario quedara permanentemente perjudicado, y como consecuencia se vio afectada por enfermedades gastrointestinales de forma reiterada, lo que condicionó por completo su vida y su producción musical. A pesar de haber vivido solamente veinticuatro años, a los veintiuno se convirtió en la primera mujer en ganar el Grand Prix de Rome, por la cantata Faust et Hélène (1913), compuesta para la ocasión y dedicada a su hermana (Nadia Boulanger). La obra se estrenó públicamente el 16 de noviembre del mismo año, con buen recibimiento del público y la crítica. El Nocturne que integra este programa es una deliciosa pieza inspirada y novedosa, con características propias del estilo romántico-impresionista francés, que a pesar de su “calma” discursiva presenta una rica armonización y una fuerza lírica y sensual que hacen de esta pieza una verdadera joya.

Pese a su breve tiempo de vida, Lili Boulanger experimentó la politonalidad en su última obra, Pie Jesu, compuesta en 1918 y dictada a su hermana Nadia​, ya que la enfermedad de Lili estaba tan avanzada que no era capaz de transcribirla al papel. Está considerada una de sus obras más importantes, junto a los Salmos 24, 129 y 130 y Vieille prière bouddhique.

En 1916, tras un diagnóstico que le hizo saber que sólo le quedaban dos años de vida, se apresuró a intentar terminar algunas de sus composiciones más importantes, como los Salmos 24 y 129 y la ópera La princesse Maleine, que desgraciadamente no consigue acabar. Murió en París a los veinticuatro años por lo que ahora se conoce como enfermedad de Crohn (una enfermedad intestinal crónica) y fue enterrada en el cementerio de Montmartre, donde también yace Nadia.
 
Amanda Maier (Suecia, 1853-1894) nació en un hogar musical en Landskrona y pronto reveló su talento musical. Sus primeras lecciones en el violín y el piano las recibió de su padre. A la edad de dieciséis años, Maier comenzó a estudiar violín, órgano, piano, violoncello, composición y armonía en el Real Conservatorio de Estocolmo, del que fue la primera mujer licenciada en dirección musical en el año 1872. Maier ofreció conciertos como solista de violín en Suecia y en el extranjero. Continuó sus estudios de composición en el conservatorio con los profesores Reineke y Richter en Leipzig y de violín con Engelbert  Röntgen, concertino de la Orquesta de la Gewandhaus en la misma ciudad. Durante este tiempo compuso la Sonata para violín y piano que se incluye en éste programa, un trío con piano y un concierto para violín y orquesta, estrenado en 1875 con Maier como solista, con buenas críticas. En Leipzig conoció al pianista y compositor holandés-alemán Julius Röntgen (1855-1932), hijo de su profesor de violín. La pareja se casó en el año 1880 en Landskrona y se trasladó a Ámsterdam. El matrimonio supuso el fin de las apariciones públicas de Amanda, pero ella continuó componiendo, y la pareja organizó veladas musicales y conciertos interpretando obras de Rubinstein, Joachim y Brahms. En 1881 nació su primer hijo, Julius Jr., y en 1886 le siguió un segundo hijo, Engelbert (violoncellista). En 1887, Röntgen-Maier enfermó de tuberculosis. Durante su enfermedad, la pareja se alojó en Niza y Davos. Su última gran obra fue el cuarteto con piano en mi menor, compuesto  en un viaje a Noruega en 1891. Murió en 1894 en Ámsterdam. La discográfica DB Productions ha editado dos de tres álbumes en una serie de obras completas Amanda Maier.

Pía Sebastiani (Argentina 1925-2015) comenzó su carrera internacional luego de una exitosa presentación en el Teatro Ateneo a los dieciséis años de edad. Ha sido discípula en piano de A. Pinto, J. Fanelli y Jorge de Lalewicz, y en composición de Gilardo Gilardi y Lamberto Baldi. En el exterior se perfeccionó con Marguerite Long, Magda Tagliaferro, Aaron Copland, Darius Milhaud y Olivier Messiaen. Actuó en forma permanente en las más importantes salas de América, Europa y Asia. Fue solista con las orquestas de casi toda Europa, América Latina y en Estados Unidos. Su importante carrera pianística, sus composiciones (dirigidas por Erich Kleiber, Albert Wolff, Juan José Castro, Felix Prohaska y Charles Dutoit, entre otros) y las numerosas condecoraciones que le fueron entregadas son razones suficientes para considerar a Pía Sebastiani como una de las más excepcionales y multifacéticas personalidades musicales de nuestro continente. Fue agregada cultural de la República en Bruselas y París. Luego de veintitrés años de docencia en la Universidad de Ball State, Indiana (EE.UU.), cargo del que se retiró en calidad de "Emérita", se dedicó a su carrera concertística, a la enseñanza, a la dirección y reorganización del Conservatorio Beethoven de Buenos Aires y a la presidencia de la Fundación Beethoven, entidad creada para becar y ayudar a proseguir y perfeccionar sus estudios a jóvenes músicos de talento excepcional. Recibió numerosos premios y reconocimientos nacionales e internacionales.
 
Clara Wieck de Schumann (Alemania, 1819-1896) fue admirada por personalidades de la época como Goethe, quien la conoció siendo muy joven, en la época en que alternaba los juegos infantiles con su formación musical,​ y también conoció personalmente a Felix Mendelssohn, Frédéric Chopin y Niccolò Paganini. Además de ser pianista, escribió su propia música y editó varias obras de su esposo (Robert Schumann). Si bien no son numerosas, las obras de su producción que se conservan tienen gran mérito. Escribió piezas para piano solo, canciones para voz y piano, música de cámara, orquesta y música coral a capella de gran belleza. Las razones por las que no se dedicó en mayor grado a la composición fueron varias, entre ellas su carrera de concertista, sus ocho hijos, la devoción por su esposo y el papel de la mujer en el siglo XIX. Clara Schumann tuvo una formación musical privilegiada, lo que junto con su comprensión musical y habilidad le permitieron abordar la composición. Sin embargo, escribió en su diario: “Alguna vez creí que tenía talento creativo, pero he renunciado a esta idea; una mujer no debe desear componer. Ninguna ha sido capaz de hacerlo, así que ¿por qué podría esperarlo yo?”. Tuvo una gran fortaleza espiritual que le permitió soportar una vida dura como artista y llena de tragedias en el ámbito personal, como la separación de sus padres, la muerte prematura de varios de sus hijos y el intento de suicidio y la posterior muerte de su esposo. Pero también tenía algunas inseguridades. Dudaba de su talento como compositora, no se consideraba bella, e incluso, después de escuchar a Franz Liszt, pensó que, si bien tocaba mejor que las pianistas de la época, no tenía nada que hacer frente al virtuoso húngaro. Fue una mujer fuera de serie en muchos aspectos. En aquel entonces era frecuente encontrar a niñas prodigio que tocaban muy bien obras de gran dificultad y conquistaban al público amante de la música; la mayoría, cuando llegaba a cierta edad, dejaba la carrera de concertista y se dedicaba al hogar, a dar clases o a otras actividades musicales, alejadas de los escenarios. A diferencia de estas mujeres, Clara continuó con su carrera en los más altos niveles profesionales hasta pocos años antes de su muerte. Realizó alrededor de cuarenta giras de conciertos por el continente europeo y fue siempre recibida con los más altos honores. Fue una profesional en el sentido económico también: cobraba dignamente, igual que los otros virtuosos de la época, pues fue por mucho tiempo el único soporte de la familia.

Acerca del Dúo Isas-Kwiek

El dúo integrado por Cecilia Isas en violín y Alan Kwiek en piano debutó en el marco del 48º Septiembre Musical Tucumano en 2008, y en octubre resultó ganador del primer premio del concurso de música de cámara de Argentmúsica. En 2010 obtuvo el primer premio en el concurso Jóvenes Intérpretes del Bicentenario del Fondo Nacional de las Artes. Se presentó en Argentina y el exterior, en espacios e instituciones como el Teatro Provincial, Mozarteum y Club 20 de Febrero de Salta, Teatro San Martín de Tucumán, Amigos de la Música de Concepción de Uruguay, Asociación Musical de Bolívar, Salón Dorado de la Ciudad de La Plata, Colegio de Escribanos, Facultad de Derecho, Templo de la Comunidad Amijai, Biblioteca Nacional, Círculo Italiano, Museo Isaac Fernández Blanco, Casa del Bicentenario, Auditorio Augusto Sebastiani, Auditorio de Radio Nacional, CCK y Teatro del Libertador (Córdoba), entre muchas otras. Es relevante su labor de difusión de música argentina para prestigiosas asociaciones musicales: Asociación Argentina de Compositores, UNACOM, Foro de Compositoras y CUDA. Entre sus presentaciones en Europa se destacan el concierto apertura del festival Progetto Martha Argerich en Lugano (Suiza, 2012) y los recitales ofrecidos en el Palazzo Forti de Verona, en Barcelona y en Breda. En 2015 abrió la temporada de conciertos de la ciudad de Bolívar bajo los Auspicios de la Asociación Musical de dicha ciudad. También participó en el Festival Internacional Música Clásica por los Caminos del Vino en Mendoza. Ha sido invitado por la Asociación Argentina de Intérpretes a realizar el concierto por los 100 años de la prestigiosa institución. El dúo participó del film La calle de los pianistas. En 2016 comenzó su actividad de conciertos en Brasil, Porto Alegre, con un recital en el Instituto Ling, y participó del abono de conciertos de la temporada que Mozarteum Jujuy ofreciera con motivo de festejar sus treinta y cinco años. En noviembre del 2017, el dúo concretó la proeza de interpretar el ciclo completo de las sonatas para violín y piano de Beethoven en la misma tarde, en tres conciertos en el Salón de Honor y la Sala Argentina del CCK. En agosto del 2018, ambos integrantes actuaron como solistas en el concierto encabezado por Martha Argerich en la Sala Sinfónica del CCK.

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