Memorias Ya! Poéticas del presente

Memorias Ya! Poéticas del presente 24 de marzo - Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia

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Una selección de poemas, para leer y compartir

En ocasión del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, instituido para conmemorar a quienes resultaron víctimas de la dictadura cívico-militar iniciada el 24 de marzo de 1976, Memorias Ya! presenta, con prólogo de Jorge Hardmeier, una selección de poemas de Ángela Urondo Raboy, Inés Kreplak, Natalia Carrizo, Laura Bravo, Daniel Quintero, Andrés Alvarado, Gabriela Franco, Boris Katunaric, Julia Magistratti, Esteban Moscarda, Miguel Martínez Naón, Paula Martini y Julián Axat.

Inés Kreplak
Julia Magistratti (fotografía: Marieta Vazquez)
Boris Katunaric

Poesía Ya! es un movimiento poético que nos incluye a todes. En este ciclo la lectura es la protagonista: afirmamos con nuestras voces y nuestras lecturas que leer un poema es tan importante como escribirlo. Leer en voz alta y en comunidad lectora es un horizonte creativo, una forma poética fuera del libro que crean los libros con sus lectores.

Prólogo, por Jorge Hardmeier

Dijeron que nuestro país nos pertenecería mientras la hierba brotase y el agua discurriera. Ya ves que ni la hierba ni el agua son los que han olvidado. Así hablaba Alce Negro, el último sioux. Los poemas reunidos en esta compilación son hierba y agua y vienen a salvar un vacío que aquella larga noche generó en nuestra tierra, y por ende en nuestra literatura y producción poética. Estos poemas cavan en lo recóndito de la memoria y la reinstalan luego de ese agujero negro que fue la dictadura y los arduos años posteriores de reconstrucción. Lxs poetas aquí reunidxs recibieron un legado, el que el terror quiso y no logró eliminar, el legado de aquellxs poetas que escribían la vida y poetizaban sus acciones.

Seamos hierba y agua.
Olvido jamás.
¡Memoria Ya!

Poemas

Ángela Urondo Raboy

Los Salvajes

(a Claudia y Jote)

Una hembra joven
acaba de parir dos críos
bajo la sombra
de un nombre falso.
 
Los salvajes
hacen el amor
con el instinto alerta,
como animales.
 
La vida
puede terminar
hoy o mañana
a la vuelta de la esquina
en un momento cualquiera.
 
¿Quién cantará tu nombre?
¿Quién acudirá al encuentro?
 
Habrá que levantar a los chicos
cuidado que no se rompan.
Darles de comer, bañarlos
llevarlos a la escuela.
 
Allí estarán bien
hasta que toque
el timbre de salida.
 
¿Quién los cuidará entonces
cuando nadie
los pase a buscar?
 
¿Quién descubrirá
la luz que hay en ellos?
 
(¿Quién llamará Soledad?)
 
Habrá maestras, directivos. Habrá policías.
Juez de menores, secretario tutelar.
 
Habrá voces severas, reglas estrictas.
Habrá otros niños. Baños fríos
luces blancas y drogas
para adormecer.
 
¿Quién podrá comprender todo esto?
¿Cuál será el sentido?
 
Los autos atravesados. Brillos metálicos
asomados por las ventanillas.
 
Los cuerpos íntegros, latentes.
 
El ruido
que los va atravesando
y los desarma.
 
¿Quién cantará ese día
un feliz cumpleaños?
 
¿Qué será de tus ojos
y de tus pechos lactarios?
 
Jugos agrios
deshechos
de la historia.
 
¿Cuántas fuerzas
serán necesarias?
 
¿Cuál será la condena?
 
¿Qué será del aire?
¿Qué será del viento…
cuando caigas…?
 
Sonará un tambor.
Una chicharra sorda.
Un grito atroz.
 
No habrá miedo
en la garganta.
No habrá rendición.
 
Volarás
en caída libre.
 
Nadarás
hasta devenir.
 
Lloverás.
 
Serás agua
sobre nosotros.
 
Nos encontraremos
cubiertos.
 
Bailarás.
Volverás a casa
en la memoria.
 
Volveremos.
 
 

Inés Kreplak

Nadie te puede arrancar de quien sos

A Marina Butrón

Tu silencio, Marina
es una constante
en cada conversación casual
en cada encuentro
 
Yo te escucho
también callada
pero hablo igual
 
Tu voz
coreando a destiempo
una canción de cuna
junto a tu mamá
 
Y tu mano
firme confiada
tomando
la de tu papá
 
Me dirías que ni cantabas
ni te agarrabas
que fueron ellos
quienes te sostuvieron
mientras pudieron
 
Me dirías que no escriba
que no cuente ni ventile
que no grite tanto
que no llore enfrente de la gente
 
Me lo dirías
pero casi no me hablás
porque tu silencio
te preserva
 
Estás muy callada hoy te dicen
como si no supieran
Así también estabas el año pasado
y el anterior
como cada vez que te observo
en silencio
mientras hablo igual
 
Ojalá que grites
te rías
que me digas que no grite
ni que me ría
que no hable
que te calles
y me des la mano
Ojalá que te enojes y odies
que ames, que bailes, que no te preocupes
que te sientas amada
 
Ojalá, porque sos hermosa, Marina
y nadie te puede arrancar de quien sos.

 

Natalia Carrizo 

Diciembre 2017
(A Enrique Courau)

Fue un invierno tan largo, compañero,
hojita del árbol desnudo, caído
contando la historia de un sueño.
¿Qué piel ronca se lavó tu sangre?
Tal vez algún silencio me canta tu victoria,
tal vez tu madre,
o la madre de tu madre,
y todos los saberes ancestrales
de la parda vientre tierra
que te germinó justicia,
lucha sin miedo,
pasión despierta,
dignidad herida,
para que te llore en las plazas de marzo
y luego duerma con el puño erguido.
La calesita de tu infancia
aún te extraña,
renga en la risa mocha de los niños;
y aunque no amé tus días,
aunque nunca vi tu cara,
de la Memoria, en cuerpo y alma,
hago más que praxis del recuerdo.
Una primavera de fachos
nos despoja a los viejos,
pero arremeto este diciembre,
hundo el pecho hacia los gases,
y avanzo entre perdigones
a defender a los nuestros.
Porque Memoria es más
que esquivarle al olvido,
es mejor honrar tu vida
que rendirme ante tu muerte.

 

Laura Bravo

La pasión según Alicia

A Alicia Eguren

a veces oveja
a veces incienso
a veces
cuentas de nácar
 
el pequeño dios
la filigrana del cabello prieto
horquilla de alambre
pinche de espino
voluta de spray
 
en las cocinas
mujeres
bordan
tras las persianas
 
desde las casas
hombres
corren
hacia las fábricas
 
en las piezas
niños y niñas
duermen
en sus pijamas
 
y las fauces del mundo
y sus degluciones
y los manteles tendidos
en otros altares
te eventrarán
leerán tu futuro
 
lejos la estupenda playa
donde vestiste fajina
lejos el soberbio sol
que rodeó tu cuerpo
 
serás
cáliz henchido en agua
rezo en cuclillas
estigma en las palmas
 
el pequeño dios
te hablará en clave
te asirá al madero
te hará sentir
otra vez
todo su peso
en la espalda
 
 

Daniel Quintero

Noción de práctica frecuente

Cada tanto este país
necesita huesos con qué alimentarse
por eso tapa sus fosas
quema sus naves
vende las joyas de la abuela.
Cada tanto remueve demasiado la tierra
levanta mucho polvo
ni se ve la punta de su propio horizonte.
Este país se alimenta de esos huesos enterrados
los tiene escondidos como un perro
que en la angurria niega a su jauría.
Selecciona su memoria
es un espejo fracturado de sí mismo
cada trozo es un recuerdo
hecho a la imagen de su frustración.
Pero llegará el día
en que una lluvia semejante lavará la tierra
desenterrará toda esa osamenta
la historia volverá
a retomar la superficie verdadera
su marca cierta
su ternura inagotable.
Este país acostumbrado al odio y la mentira
tendrá que responsar su propio obituario.
“Aquí está enterrado un viejo país que maltrató a su pueblo”.

 

Andrés Alvarado

El grito

Las cadenas rasgan el piso, intento
el destierro de fantasmas, negar
con toda la potencia del pensamiento
aquellas entidades que no están muertas
ni vivas. Busco un pacto con la memoria,
pero cayeron desde dos mil metros
de altura,
rompieron el viento, se estrellaron quizás en las rocas
o estallaron contra el mar.
 
“Hoy tenemos asado”, truena la voz del Almirante
veo reír a los muchachos entre whisky
y whisky, y el amor “non sancto”
de alguna chivata.
 
“Buscar en el alma la selva que nos salve”,
el consuelo de haber luchado por Dios
y por La Patria.
Tanteo la mesa de luz al despertar, “respiro
al palpar los objetos”.
 
Pero cuando encuentro en el reflejo eso que soy
al afeitarme en la mañana
veo el grito, la fantasmagoría
de un rostro de Münch.

 

Gabriela Franco 

24/03/2020

cae en medio de la palabra
cautiva
 
es un pozo de estrellas
 
las voces desaparecen
como en un naufragio
 
en la oscuridad
el cielo es una pieza que falta
 
estamos desmembrados
 
en el poema hay huecos
por donde canta la ausencia

 

Boris Katunaric

Poema

Me volví un hombre adulto
leyendo poemas
lo anterior
–adolescencia, infancia– es muerte
de alguna manera
es un ciclo vital
con los poemas de los muertos se crean existencias miserables
el aroma de la flor que se alimentó de un cadáver
se vuelve aceptable, hasta plácida
esta vida
difícil de vivir

 

Julia Magistratti

Infancia en dictadura

No me gustan las cosas que llegan por la noche.
 
El circo que ocupaba el descampado
con una sigilosa extravagancia montaba sus destartaladas piezas.
Y a la mañana siguiente, en la panadería,
unos seres animados e irreales
ocupaban el espacio,
desorientando a los niños, los perros y las viejas
que volvían a sus casas sin el mandado.
 
No me gustan las cosas que se instalan por la noche
como una amenaza que se dice por lo bajo.
 
Los soldados que todos los 9 de julio esperaban a los gallos y el desfile
hacían el chocolate en los tanques despintados,
el frío del amanecer apretaba la entrepierna
de los raídos trajes verdes
y el casco helaba el cuero de la cabeza,
los pibes colimbas meaban la leche recién ordeñada.
 
Abanderados y escoltas aparecían en el horizonte
como un sol artificial,
con maestras que ya murieron de cáncer y desconsuelo.
La noche anterior, las madres almidonaban los uniformes
y delantales apretando la plancha sobre los dobladillos,
descargando la furia sin más de entregar a sus hijos
a los ojos de interventores, generales, párrocos y altivas
directoras de escuela.
 
Mi abuela decía “nunca crean en hombres que llevan polleras:
ni obispos ni jueces ni ingleses”.
 
No me gustan las cosas que se instalan por la noche
como una verdad susurrada que se dice una sola vez
 
o una sirena
que no viene de ningún lado
pero viene hacia nosotros.

 

Esteban Moscarda

Sombras

Tengo miedo. En cualquier momento sé que astillarán las puertas, quemarán mi
filosofía, me llevarán a un infierno que Dante no pudo ni siquiera esbozar. Por suerte,
estoy solo. No podría soportar el sufrimiento de alguien más. Comienzo a temblar, los
ruidos son parte de una obertura de la Muerte. Me doy vuelta. No, no estoy solo: detrás
de mí hay 30.000 sombras que intentan sujetarme…

 

Miguel Martínez Naón

24 de marzo

la Dentadura Militar
la fiestadura

Primavera militar
Infantadura la fosa
Quemadura militar

Oídme

grifos de sangre los laureles
de los nuevos campeones anima

de los fierros tiranos y la CIA
coronada la sien
con un tabique
grandeza de los nidos allanar

Se levanta a la faz de la Escuela
una nueva invasión

Oh degolladura
picadura Militar
 
Oh catadura

Oh valientes argentinas a las armas

La negra
La Ali
La Violeta
La machi
La revuelta estudiantil

Faz de gloria

¿No las veis
tan arrojadas
dormidas
inyectadas?

¿No las veis?
¿No veis el mar en ellas?

Estos tigres
A vosotros se atreven
mal

Sabed que
nuestros campos
los campeones volvieron a pisar

Los eternos
oligarcas
opresores
obispos
sacerdotes
cronistas
embajadores
sicarios
médicos
financistas

Ah la Cacadura
Envestidura militar

Desgarradura
Endulzadura militar
 
Oíd

Desde un polo hasta el otro
suena y resuena
la envergadura popular:
 
Trono digno a su gran majestad
Oíd Mortales
a donde vayan
los iremos a escrachar!

 

Paula Martini

La memoria es un cuerpo vivo

Se preguntan por qué insisto en la memoria
y la abro como una caja viva
no es solo por mí
que fui escondida entre juegos
a la que después llevaron lejos
a comer frutas tropicales
y recorrer pirámides con nombre de satélite
 
Algo de todos recorre ese hilo o ese aire
que respira entrecortado
huidas y olores que dejamos lejos
 
es necesario traerla a los ojos
tocarla, como se tocan
los cuerpos de los vivos.

 

Julián Axat

Océano Pacífico 27° 9’ 10” Latitud Sur y 109° 27’ 17” Longitud Oeste

Ningún hombre es la Isla de Pascua. Ningún hombre es Lemuria. Mi padre quiso ser todas ellas.

Juan Raro es el nombre que Olaf Stapledon dio a un hombre que construyó una isla de superhombres. Mi padre quiso ser “Juan” y ese era su nombre de guerra para construir la Lemuria de los infrahombres poéticos.

El monte análogo lo escribió René Daumal. Mi padre quiso reescribir esa obra buscando o jugando Lemuria que no halló. Daumal no pudo culminar su obra.

El Himalaya o boca antiverbal es el manuscrito hallado por el poeta Miguel Ángel Bustos en la superficie de un planeta oscuro.

El sueño de Lemuria no nació en el monte. Surgió de un chispazo en el valle de Yala, Jujuy durante un retiro espiritual en 1972. A su manera como Stapledon o Daumal o Bustos mi padre –y otros como él– diseñaron el asalto a una isla a la que más tarde bautizarían Lemuria.

El objetivo era viajar de improviso en un barco (también de nombre Lemuria) y quedarse a vivir en la isla de Pascua. Enamorarse de sus mujeres nativas. Excavar la base de los moais y aprender lentamente el lenguaje Rapa nui.

Algunos sostenían que el Rapa nui al ser hablado conserva ciertos sintagmas poéticos escondidos cuya raíz-arquetipo podría estar vinculada al origen ancestral de un lenguaje divino o extraterrestre. Mi padre quiso aprender ese lenguaje antes de entrar en Lemuria. 

El lemuriano Stanislav Szukalski inventó la palabra zermatismo para sostener que toda cultura humana deriva de la Isla de Pascua, después de la inundación que destruyó a todos los seres vivos, excepto aquellos que subieron en el arca de Noé. Y todos los lenguajes derivan de esa única fuente simbólica.

Pero Lemuria no existió. Por lo menos es lo que sabemos hoy. Las derivaciones ancestrales del Rapa nui siguen perdidas y son un misterio. Aunque la Isla de Pascua se encuentra allí. Ubicada en el Océano Pacífico 27° 9’ 10” Latitud Sur y 109° 27’ 17” Longitud Oeste.

En aquel verano de 1972 pidieron prestado dinero a sus padres. Salieron a robar libros e hicieron teatro a la gorra (Kronos). También aprendieron de las artes marciales. El dinero ahorrado les serviría solos unos meses. Las artes verbales y marciales mucho más.

Mi padre no conoció la isla pero con sus amigos armaron un plano mental de la misma como si hubieran estado (siempre) ahí. Una cartografía de cada tótem. De la flora y fauna. El nivel demográfico y la escala social. Se interesaron de cada posición estelar vista desde el punto más austral.

En el sueño de Lemuria mi padre nunca encontraría a mi madre sino a una mujer polinesa de color caoba que le daría nuevos hijos que no soy yo. En Lemuria –claramente– yo no existo. Tampoco mi descendencia.

El escritor Lázaro Covadlo hoy vive en Sitges y él más que nadie sabe de qué hablo. El plan Lemuria no habría nacido en Yala sino en las Chacras de Coria, Mendoza.

Tarde o temprano la fuerza haría lo propio. Como si fueran caballeros Jedi el tiempo de los lemurianos sería la violencia poética silenciosa y no la política. Para tomarla por asalto y declararla isla estado independiente por parte de sus nativos convertidos (a la larga) debían pasar dos o tres generaciones.

Evidentemente la esperanza de Lemuria estaba en sus hijos y en los hijos de sus hijos. No estaba en los hijos que vendrían mutilados en la guerra de otras islas.

Qué tabla del naufragio del Lemuria me sostiene en el océano de mi ignorancia y en esta búsqueda a más de cuarenta años. Lemuria se presenta como la mente de mi padre en alguna bóveda celeste de los suyos. Pues ningún hombre es la Isla de Pascua. Ningún hombre es Lemuria.

Puede que sea un rincón de mi poesía. Puede que el resto de mi silencio.

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