Historias del arte. Diccionario de certezas e intuiciones

Historias del arte. Diccionario de certezas e intuiciones Labor y acción. Experiencias artísticas en torno al trabajo

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Una construcción colectiva que reflexiona sobre la naturaleza del lenguaje y los discursos del arte

Historias del arte comenzó como un seminario principalmente teórico en 1997, luego de que la artista Diana Aisenberg se dedicara durante varios años a la docencia. Se investigaban la vida y la obra de algunos artistas, y temáticas comunes a muchos de ellos, como el texto, la calle, la relación entre el cuerpo humano y la máquina, la historia del color, el vacío, entre otras. Reconociendo al lenguaje como herramienta de poder para la unión – o la separación–, Aisenberg investigó con especialistas y curiosos cantidades de términos que son utilizados en el lenguaje coloquial, sin respetar su orden histórico y alterando totalmente su significado. A partir de la recopilación de estas operaciones surgidas de convocatorias abiertas e invitaciones, y de la organización por orden alfabético de los conceptos, surgió Historias del arte. Diccionario de certezas e intuiciones.
 
Entre 1997 y 2011 un sinfín de colabores participaron de esta propuesta. La publicación impresa más reciente, publicada en 2004, reúne incontables palabras en un ejemplar de 544 páginas que conforman una voz colectiva sobre la historia de nuestro arte.

Este diccionario no tiene pretensiones de exhaustividad académica. Yo no soy una teórica del arte ni lo quiero ser. Mi saber está ligado a la experimentación, a mi trabajo docente, a mi trabajo con artistas y a mi trabajo como pintora. Es más bien el modo que encontré de dar forma visible al nexo de estos componentes como parte de mi obra. Historias del arte. Diccionario de certezas e intuiciones expande en un diámetro mucho mayor el proyecto de mi obra total, que nace en el dibujo y en la pintura.
Diana Aisenberg



Prólogo, 2005
Cocreación: Diana Aisenberg - Marina Rubino
Edición: En el muelle. Grupo Documenta


Historias del arte. Diccionario de certezas e intuiciones se compone de palabras en idioma castellano que con su uso contribuyen a la construcción del discurso del arte actual. Incluye términos de otras lenguas ya metabolizados. Se trata aquí de la creación de un diccionario de arte de construcción colectiva que encuentra su materialización en función del encuentro con el otro. Se rastrea el uso de la palabra en todas sus acepciones (los significados devaluaron a tal punto y los usos se ampliaron tanto que la mayoría de las veces desconocemos de qué está hablando el otro cuando utiliza un término). La participación de cada uno lo constituye y lo transforma, tanto en su contenido como en el modo de manifestarse.

El diccionario es una invitación masiva a la escritura. Es completamente sensible, todo lo afecta: todas las variables del medio, todos los que escriben para él, los que no escriben. Todos los que hablan, los caprichos de la tecnología, el estado de las computadoras, los ritmos de los correos electrónicos, lo que se traduce y lo que llega en distintos idiomas, lo que va pasando en la ciudad día a día, todo lo que les pasa a quienes van construyéndolo, corrigiéndolo, el estado de ánimo de la ciudad. Y, por sobre todas las cosas, los mundos individuales de todos los que se han ido acercando e incorporando a este proyecto, dirigiendo sus rutas por lugares impensados.

Son curiosos, especialistas, estudiosos, ignorantes, madres, parientes, personas que azarosamente están ahí, amigos, extranjeros desconocidos, voluntarios, aparecidos, niños, profesionales que aportan sus textos, instituciones, emprendimientos individuales o grupales que se suman con infraestructura, nuevas ideas y posibilidades de experimentación. No hay juicio selectivo hacia las personas a quienes se les envía la palabra.

Se recepcionan citas, recuerdos y confesiones, rumores y pistas, acercamientos y descripciones que aportan a la diversidad de definiciones y cuestionan el sentido mismo de la palabra definición. Si bien el grueso de los pedidos de colaboración se realiza por vía digital, también se suma información en eventos performáticos, donde se invita a escribir por distintos medios, en la pared, en el papel, en computadoras de acceso público en distintas situaciones. En los eventos donde se invita a escribir en las paredes la acción despierta un sentimiento primario, un recuerdo infantil, un lugar prohibido. Este sentimiento genuino se manifiesta en el impulso a la escritura junto con la reflexión sobre los términos propuestos.

Todo soporte de información se revela como una posibilidad de ser parte de esta red instalando la pregunta y la reflexión sobre el lenguaje en la cotidianeidad de los usuarios, en el día a día de la ciudad.

La acción permanente consiste en el envío por correo electrónico de la solicitud de una definición y sus correspondientes respuestas son posteriormente editadas. El aporte se consuma en el acto de escribir. El diccionario se vuelve así como un sensor que capta las ondas del aire, un receptor de lo que “está en el aire”, de las verdades, de las intuiciones, de las supersticiones que rodean aquello que entendemos como historia del arte, en una línea asintótica que va de lo personal a lo público [...]

El aspecto formador de esta obra reside quizá en el intento de forzar o al menos prefabricar un pensamiento colectivo. Su primera función se cumple cuando un gran número de personas reflexiona al mismo tiempo sobre el pedido de definición. Los pensamientos, al ser compartidos, aumentan su potencial transformador.*

*Extracto de texto escrito por Diana Aisenberg en colaboración con Eliana Lardone y Mariano García, en: Historias del arte. Diccionario de certezas e intuiciones, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2004.

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Este libro tiene varias singularidades. Está compilado, e incitado, por una artista plástica (con infrecuente agudeza literaria, es cierto) lo que lo convierte en una perfomance, género al que hoy están propensos las galerías de arte y los museos. Es acaso el primer diccionario que produce fervor. Comenzó a conocerse como una sección fija de la revista ramona y rápidamente conquistó decenas de colaboradores dispuestos a evocar definiciones, significados, certezas, intuiciones, erudiciones, dudas y rasgos de humor. Secretamente cada lector de ramona dedicó un tiempo variable de sus reflexiones, consultó a sus amigos y envió (o no lo hizo, por indecisión) alguna de sus contribuciones acaso sin saber que estaba participando en un experimento tanto sobre la naturaleza del lenguaje como sobre la de un cierto tipo de asociación humana, una especie de “antiacadémica” alrededor del sentido y de su construcción.

En alguna de sus convocatorias Diana Aisenberg (en lindo/feo, por citar una) pudo cosechar dibujos y aun tan solo trazos de tizas de colores. A cualquiera de esas respuestas puede acusársela de escepticismo sobre la capacidad del lenguaje hablado o escrito para designar objetos o cualidades. Jonathan Swift imagina un personaje que carga con todos los objetos posibles para presentarlos al interlocutor en su diálogo, y así inventa una de las mayores ironías posibles sobre el lenguaje que justamente está para reemplazarlas, aludirlas, evocarlas.

Es rigurosamente cierto que muy a menudo todos sentimos cierta incapacidad de las palabras, cierta incompletud. No podemos decir o sentimos que no podemos decir nada por completo, que algo le falta a nuestra enunciación.

Por otra parte, también es singular la diferencia que se puede encontrar entre este y un diccionario corriente, que apela a la autoridad para sostenerse y a los rasgos más comunes del vocablo para definirlo, cuando no se refugia en las etimologías de las palabras para asegurar su sentido, aunque en los intercambios verbales en acto la historia lo haya alejado de esa acepción.

Pero este es un diccionario “Fuenteovejuna”, un diccionario horizontal en el cual se registran los sentidos que le atribuyen aquellos que hablan a lo que dicen. Son los hablantes los que le dan el significado, los que toman el poder de designar o evocar la cosa en un acuerdo común lleno de sobreentendidos. Entonces comprender aparece claramente como un acto social, contemporáneo y colectivo, un acto de cierta familiaridad entre participantes, que tiene algo de guiño. Entonces las palabras así consideradas unen.

Lewis Carroll había atribuido a la reina de Alicia en el país de las Maravillas la frase “Las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen”, derivando de ese modo el significado del ejercicio de un poder absoluto.

Por el contrario, este libro muestra un momento de libertad compartida entre quienes han sido invitados a nombrar como si fuera por primera vez, y también por primera vez a concertar significados, certezas, intuiciones, dudas, erudiciones, rasgos de humor, afinidades, diferencias.

Tiende a ser infinito o al menos desmesurado: nuevas acepciones se vislumbran en la lejanía y nuevos participantes esperan en la cercanía de estas páginas, leyéndolas con avidez.

Este libro no se consulta como un diccionario habitual, se lee como una narración de nuevo cuño, como si Diana hubiera descubierto un nuevo género que puede poner en escena la naturaleza del lenguaje, que quizá no se entienda del todo sin relato y que acaso necesite desplegarse en toda su extensión para ser al fin escuchado sin equívocos.

Jorge Di Paola
Texto incluido en Diana Aisenberg, Historias del arte. Diccionario de certezas e intuiciones, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2004.


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Esta cartilla, disponible para descargar, presenta datos útiles para replicar la metodología de construcción del proyecto.

Acerca de Diana Aisenberg

Diana Aisenberg nació en Buenos Aires en 1958. Estudió Bellas Artes en Bezaleel Art and Design Academy, Jerusalén. Pintora de género y materializadora de objetos, muestras y diccionarios colectivos, su obra nace en el dibujo y la pintura e investiga las relaciones entre arte y educación a través de su acción docente y de la creación de proyectos que incluyen una población variable de artistas y no artistas. Se dedica a la docencia de arte desde 1982, destacándose en la formación de artistas y en la programación y organización de jornadas experimentales para principiantes y avanzados. Coordinó el área de artes plásticas del Centro Cultural Rojas de la Universidad de Buenos Aires, además de dar clases en la misma institución durante quince años. Coordina clínicas de artistas para el análisis de obra en Buenos Aires, Bahía Blanca, Paraná, Olavarría, San Miguel de Tucumán, Santa Fe, Salta y en el nordeste argentino a través de la Fundación Antorchas, la Universidad de Buenos Aires y de proyectos independientes. Colabora con las publicaciones ramona, Ridícula, Hecho en Buenos Aires y El surmenage de la muerta. Ha participado en varias muestras, fue premiada por su labor educativa por la Asociación Argentina de Críticos de Arte y se ha desempeñado como jurado en diferentes concursos.
 
Más información:
http://historiasdelartedicc.blogspot.com/
http://www.dianaaisenberg.com.ar
@dianaaisenberg



Labor y acción. Experiencias artísticas en torno al trabajo es una serie de microexhibiciones virtuales. Durante mayo, semana a semana se compartirán distintas propuestas a cargo de colectivos artísticos que centran sus producciones en la cooperación como herramienta de investigación y lucha frente a situaciones de crisis, y de otros artistas que, desde su práctica, reflexionan sobre las relaciones de intercambio –de saberes, oficios, procedimientos, afectos– que implican al trabajo.

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