Ariana Harwicz: episodio 2

Ariana Harwicz: episodio 2 Diarios: narrativas desde el aislamiento

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Episodio 2: “Mirame cuando te hablo”

¿Qué es un diálogo? El ojo de Ariana Harwicz descubre la tensión histórica que funda la escena doméstica donde la pareja está allí, sitiada, obligada a entenderse. Pero ningún intento es suficiente: conversan atrapados, no pueden escapar de la proximidad ni de la comunicación.

—A mí no me asusta la violencia, el tema es para qué se la usa, con una bomba volás mil tipos o despejas un agujero en la montaña
 
—No me agarres más del brazo, después decí lo que quieras
 
—Yo no le tengo miedo a la violencia, la violencia es incidir en el otro
 
—Y cuando yo doy un portazo o me voy en el parque decís que soy escandalosa
 
—Mi violencia es un énfasis, no hago nada con la violencia
 
—La tuya es legítima
 
—Sí
 
—Pero cuando yo arranqué el picaporte es de escandalosa
 
—Pero no por las razones que pensás
 
—Pero es el cliché de la época, mujer igual escandalosa
 
—¿Qué época?
 
—Me querés aplastar
 
—Es que si no te pongo un freno sos una topadora
 
—Nos siguen viendo como nos veían hace siglos
 
—Eso es lo que dicen ustedes para no pensar, ustedes tienen el poder ahora
 
—Tengo una sensación de muerte, de muerte
 
—Por qué siempre la exageración
 
—Por qué siempre tu menosprecio
 
—Es que no querés saber
 
—No quiero escuchar lo que sé
 
—Pero si hasta cuando estamos de acuerdo rearmás la discusión para que estemos enfrentados, armás para desarmar 
 
—Me aburro siempre, decís eso, acelero, acelero para que me siga la policía de este puto condominio
 
—Ya probaste con eso, ¿por qué no probás otra cosa?
 
—Cómo qué
 
—Pensar
 
—Prefería culear en Granada
 
—Muy fina la feminista
 
—Merezco este teléfono con las publicidades de Navidad en bucle y las invitaciones con descuentos al supermercado de pobres. Merezco todo, merezco la familia pisándome los talones, el gran día del divorcio, el bienestar
 
—Te gusta la polémica, te gusta armar peleas entre nosotros
 
—Me puedo tirar por la ventana al parking, de verdad me puedo tirar de la ventana al parking ahora antes de que se despierten los vecinos, desde hoy que estoy mirando los capots
 
—Qué ganás con decir eso
 
—Decirlo
 
—Yo no te lo recomiendo, ahora no te podría enterrar
 
—Mejor, te evitás el entierro, lluvia de cadáveres en las morgues y directo al sobre, sin ceremonia, sin bajar ataúdes, sin comunicación con el más allá, los cuerpos se queman, los cuerpos se fabrican para quemarse, el que sigue
 
—Usemos el encierro para algo distinto
 
—Odio los vecinos fiscalizando, odio la encerrona
 
—Deberías trabajar en un programa de polémicas
 
—Creo que las autoridades se divierten enclaustrando parejas y viendo cómo se disparan los llamados al 3919, realmente creo que lo hacen por divertimento
 
—Todo este quilombo para encerrar parejas a ver quién se revienta primero
 
—Por puro sadismo, ¿o te pensabas que nos quieren cuidar?
 
—La gente está excitada porque tiene miedo, o tiene miedo porque está excitada
 
—No quiero ni imaginar la de escenas de los pulgares en la puerta o la cabeza bajo el agua que debe haber
 
—La violencia es de a dos, eh, nunca lo olvides
 
—Si ponés en una pieza a tres hombres y tres mujeres, ¿adivina quiénes mueren primero?
 
—Vi todas las horas de la noche igual que vos, cuadro por cuadro el cielo con el humo de los desechos tóxicos, ahorrame la novelita sentimental
 
—Vimos todas las horas de esta noche y la de ayer y las que faltan ver
 
—Por eso, vimos todas las horas de esta noche, la aguja avanzando de a tramos mínimos como un condenado a la horca encapuchado que solo puede retrasar subir al cadalso
 
—Cuando los antiguos decidían ahorcarse preferían hacerlo de una higuera. Timón quiso arrancar una higuera que le molestaba en su jardín, varios ya se habían ahorcado ahí así que hizo anunciar con su trompeta que si alguno deseaba ahorcarse se apurara porque pensaba cortarla al día siguiente.
 
—La sátira griega, cuánta falta nos hace
 
—No me agarres más del brazo, ni del cuello, y mirame cuando te hablo y vamos a poder estar en paz
 
—Para qué querés que te mire, es increíble, todo el mundo quiere ser mirado, ¿no preferís que te escuche?
 
—Mirame cuando te hablo
 
—Los escritores no quieren ser leídos, los músicos no quieren ser escuchados, todos piden que se los mire
 
—Todo lo ves desde el peor ángulo
 
—Salgamos de la novelita sentimental, el tiempo que se pierde… ¡el tiempo que se pierde!
 
—¿Querés estar en pareja sitiados y que no haya reclamos?
 
—Esta tarde se la lleva el viento, no nos vamos a acordar de nada y estuvimos desperdiciándola en pelear
 
—No veo otra solución
 
—Tenemos que alinear el tiro, darle a todo juntos, allá, tirá allá, reventarlos, culearlos
 
—Veo que vos también querés culear
 
—Quiero que no nos parezcamos a ellos
 
—Y yo quiero salir de esta enredadera, como decíamos, si Marco Polo, si Amelia Earhart, si ellos vivieron, si Frank Sinatra vivió, nosotros no
 
—Eso tampoco es así, es injusto, qué es vivir
 
—Esto no
 
—Salí de la novela, salí
 
—Para ir adónde
 
—Ahora para ir a ningún lado, ¿no nos dicen todo el tiempo “hay que quedarse en casa”? pero se puede salir
 

***
 
 —Es muy divertido porque ni siquiera lo estás intentando y es todo tan perfecto
 
—Qué
 
—Cómo arruinás esta tarde
 
—Otra vez la polémica
 
—Volvían de unas vacaciones en el sur de Francia, ella había tenido un amante, un tiempo largo, lo había conocido en un sitio para infieles. Él ya lo sabía, esas cosas se saben, iban a hablarlo, iban a separarse, algo iba a pasar al volver de las vacaciones y comenzar el año, seguir con la compra de la casa, las deudas, había demasiado que organizar. Paran a comer, no era tarde, no llovía, las rutas no están mal señalizadas. Siguen viaje, era una ruta de doble circulación típico itinerario calmo y angosto para los veraneantes. El auto era nuevo, acá no existen los autos en mal estado y menos para la clase media. Pero viene una caravana enfrente con dos jóvenes, había sol, buena visibilidad, y esto es lo que no sé, esto es lo que no puedo saber ni entender, esto es lo que queda inentendible, el marido se cruza de vía y embiste la caravana de frente. La mujer estaba dada vuelta hablando o calmando a la nena, supongo que tenía desabrochado el cinturón, la nena lo tenía mal puesto en su sillita. Después todo lo demás inmediatamente, helicóptero, jugar a las cartas en una habitación de hospital con un sol marroquí, sonrisa bufona que le hacen poner al nene para la foto, familiares, jugar a las cartas de nuevo con un sol demencial, promesas de viajes exóticos arriba de elefantes en las islas. Reconocimiento de los cuerpos en una morgue del sur, mucho calor alrededor del edificio, palmeras, mosquitos en los pozos de agua. La sal del mar marcada en las macetas, entierro, cremación, la madre empastillada en el día virando a nada, el día un torbellino, unas moscas ahí en el cementerio. Cuánto tardó el marido en matarla y en sacarle todos los libros de sus estantes, su ropa, sus aritos, sus zapatos, no queda nada en la casa a los pocos días. Todo afuera en el palier, los vecinos espiando por las mirillas. Todo afuera en el lobby. Todo afuera en containers. Dicen que lo primero que se tira es el perfume, alguien muere y sus perfumes van a la basura de la cuadra, y los cepillos, lima, tijera, ropa interior. Cuánto tiempo tarda un marido en desnucar a su mujer, no digo femicidios descritos en el juzgado o los que no entran en estadísticas porque son confusos para la ley. Digo la otra versión de la muerte nupcial, tomar lavandina, tragarse una media, agarrarse en el vestidor con los jueces discutiendo afuera. O un altercado que sube de grado, un amante descubierto en el regreso de las vacaciones de un condominio en el Sur. Cuánto tiempo pasa en el ritmo y la música del matrimonio para pasar de una zancadilla al terreno de los muertos.
 
—No hay mayor pasión, no hay pasión más grande que el miedo.
 
***
 
—El matrimonio nos pone a dos tipos a cohabitar, a pernoctar, a hablarnos de tan cerca que nos vemos los dientes picados o manchados de café. Nos pone a olernos a toda hora, sobaco con sobaco, nunca con nuca, cuero con cuero, nos pone a pagar cuentas atrasadas con menores alrededor, a vacacionar en la lona de las carpas de la costa en la promiscuidad permanente de la arena en los dedos, los cuerpos insolados, el quincho con tapamoscas, el pasillo angosto, el asiento marcado del auto, las sábanas, las toallas, los picnics, las descomposturas, la fiebre, los platos ensalivados, los utensilios.
 
—Qué novedad, ¿querés que te diga cómo viven los que están solos?
 
—¿Por qué reaccionás con odio?
 
—Porque parecés el FBI entrando a sacar pruebas
 
—Y aparece el odio, el otro te pide lo que no le podés dar, el otro termina siendo la valla de obstáculo. La vida sería amplia, la vida sería luminosa, sería imprevisible pero está tapiada
 
—No somos cabritas
 
—¿Te acercaste alguna vez a una granja?
 
—Todos quieren vivir y ser felices, nadie quiere otra cosa
 
—¿Vos no querés vivir?
 
—Lo que no me gusta es la queja, la añoranza, la otra realidad paralela, el hubiera podido ser, el tendría que haber sido
 
—Las parejas que no viven juntas no se hacen esto, cara a cara comerse los sesos
 
—Las parejas que no viven juntas no son parejas
 
—Y qué son
 
—Son relaciones sentimentales, pueden ser hermosas relaciones, pero no son pareja. Viste cuando que si Paulo Coelho es escritor, entonces Tolstoi, no, bueno, eso.
 
***
 
—Es falso todo en verdad, una verdad falseada, la escena de un decorado. Los veranos de candor, una noche después de la caída del sol en el marco de una puerta, los grillos sonando en una quinta con olor a incinerado, a eucaliptus y a brasas. Fumar en la baranda de un motel a los treinta, gustar de alguien, una pileta sobre altura en el agua lisa, un beso que se propuso y no se dio, las primeras nociones del mal, está mal incendiar hormigas, está mal agarrar del cuello al que deseas, está mal ponerle el pie para que se caiga, está mal llevarte lo que no es tuyo. Lo que se recuerda, haberse acordado, lo que se vivió, lo que se dice no haber llegado a vivir, el viaje hecho, el viaje sin empezar, eso de amar siendo amado, eso de dejar de amar y que te dejen de amar, dos padres viejos en la cocina, acostándose un domingo con los hijos muertos, falso.

Acerca de Ariana Harwicz

Ariana Harwicz nació en Buenos Aires en 1977. Es una de las figuras más radicales de la literatura argentina contemporánea, con una prosa caracterizada por la violencia, el erotismo, la ironía y la crítica directa de los clichés que rodean las nociones de la familia y las relaciones convencionales. Su primera novela, Matate, amor (2012) fue publicada en inglés en 2017 bajo el título Die, My Love y fue preseleccionada para el Premio República de la Conciencia 2018, nominada para el Primer Premio del Libro en el EIBF 2017, la lista larga para el Man Booker International 2018 y BTBA 2020. Escribió tres novelas en una “trilogía involuntaria” sobre la maternidad y la pasión, Matate, amor, La débil mental y Precoz, editadas por Mardulce en Argentina y otras ediciones en Latinoamérica. Su cuarta novela, Degenerado, fue publicada por Anagrama en 2019. Sus novelas fueron adaptadas al teatro en Argentina, Israel y Ecuador. Sus relatos aparecieron en medios como Granta, Letras Libres, Babelia, y The White Review, entre otros. Sus libros fueron traducidos a quince idiomas, entre ellos inglés, alemán, italiano, francés, portugués, árabe, hebreo, turco, rumano, griego y polaco. Ariana Harwicz vive en el campo en Francia desde 2007.

Acerca de Diarios

Diarios es un registro colectivo, literario y documental producido en situación de pandemia. Escritores y escritoras convocados por el Centro Cultural Kirchner producen durante cuatro semanas textos en torno a un asunto, un personaje, una preocupación real o alucinada. En esta segunda entrega, entre mayo y junio, escriben de viernes a martes Ariana HarwiczJuan Diego Incardona, Dolores ReyesRomina Paula y Dani Umpi.

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