Archivo de un prócer

Archivo de un prócer Año del General Manuel Belgrano

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La figura de Manuel Belgrano a partir de documentos inéditos

El Centro Cultural Kirchner, el Archivo General de la Nación (AGN) y la Secretaría de Patrimonio presentan una muestra virtual en ocasión de los 250 años del nacimiento de Manuel Belgrano y los 200 años de su muerte.

Archivos del AGN se presentan en correlato con anécdotas sobre la vida y la figura del prócer argentino recopiladas por el historiador Javier Trímboli.

“Campo de batalla, te tengo”



El 24 de septiembre de 1812 ocurre la fundamental batalla de Tucumán. Porque los españoles realistas, o fidelistas como también se los conocía, luego de derrotar al ejército que bajo el mando político de Castelli había llegado hasta más allá de La Paz, estaban haciendo retroceder a los patriotas. El temor del Triunvirato era que llegaran hasta Buenos Aires. De hecho, Belgrano había recibido la de no presentar batalla en Tucumán con lo que quedaba del Ejército Auxiliar del Perú, sino de retroceder hasta Córdoba para enfrentarlo ahí una vez fortalecidas las fuerzas propias. José María Paz, que en 1812 era un joven oficial, recoge en sus memorias publicadas luego de su muerte esta escena que tiene lugar justo en el momento en que comienza la batalla: "El general Belgrano cabalgaba ese día un mansísimo caballo rosillo, de paso, que acostumbraba montar habitualmente. Con sorpresa de todos, al primer cañonazo de nuestra línea se asustó y dio en tierra con el General. La noticia de la caída se propagó con admirable rapidez por toda nuestra formación, y al principio se temió que fuese efecto de alguna bala u otro accidente parecido; mas, luego se supo el verdadero motivo. La caída parecía de mal agüero, pero no tuvo resultas desagradables, y luego se olvidó. Pudo decir: “Campo de batalla, te tengo”.





Manuel Belgrano da cuenta al gobierno de Buenos Aires de la victoria obtenida en Tucumán. 26 de Septiembre de 1812. Archivo General de la Nación, caja fuerte.

Excelentísimo Señor

La patria puede gloriarse de la completa victoria que han obtenido sus armas el día 24 del corriente, día de Nuestra Señora de las Mercedes bajo cuya protección nos pusimos: siete cañones, tres banderas y un estandarte, cincuenta oficiales, cuatro capellanes, dos curas, seiscientos prisioneros, cuatrocientos muertos, las municiones de cañón y fusil, todos los bagajes y aún la mayor parte de sus equipajes, son el resultado de ella: desde el último individuo del Ejército hasta el de mayor graduación se han comportado con el mayor honor y valor; al enemigo le he mandado perseguir, pues con sus restos va en precipitada fuga; daré a VE. un parte pormenorizado (?) luego que las circunstancias me lo permitan.

Dios guarde
Manuel Belgrano

Salta y el Juramento



Una gran victoria patriota fue la de Salta, en febrero de 1813. En número los ejércitos eran parejos pero un movimiento táctico hizo que los realistas quedaran atrapados en la plaza principal de la ciudad, que se encerraran en la iglesia ya sin expectativas de revertir la batalla. Envían parlamentarios a tratar con Belgrano y a casi nadie le cabe duda de que solo correspondía una rendición a discreción. Pero nuestro general, para sorpresas de propios y ajenos, respondió lo siguiente: "Dígale usted a su general que se despedaza mi corazón al ver derramar tanta sangre americana: que estoy pronto a otorgar una honrosa capitulación que haga cesar inmediatamente el fuego en todos los puntos que ocupan sus tropas, como yo voy a mandar que se haga con todos los que ocupan las mías."Pío Tristán era el general del ejército realista. Había nacido en Arequipa y se conocía muy bien con Belgrano por los años de estudio compartidos en Salamanca. De chico había acompañado a su padre, en la campaña que tenía como meta sofocar el levantamiento de Tupac Amaru. Sin prestarle demasiada atención a esto último, pocos como Belgrano tuvieron percepción de que la guerra que se estaba librando desde 1810, incluso desde 1809, era una guerra entre americanos que militaban de un lado y del otro, por la fuerza o por el convencimiento, o por una mezcla de las dos cosas. En su correspondencia dejó afirmaciones seguras al respecto, estaba al borde de ser una guerra civil. De ahí su preocupación, que es repetida, por la sangre americana que se derrama. Eran aproximadamente 2.800 los realistas rendidos, entre ellos varios generales. Belgrano decide hacerlos juramentar que no volverán a tomar las armas contra las Provincias Unidas más allá del Desaguadero, al norte de La Paz, sobre el lago Titicaca. Escribe Bartolomé Mitre en su libro de 1857: "Nunca el general Belgrano fue más grande como militar, ni más inhábil como político". Porque echaba a perder, por "su inocente credulidad", los resultado de una gran victoria. Luego del juramento, se les deja libre el camino hacia el norte a esos americanos realistas, derrotados pero libres bajo juramento. Ni bien llegan a Oruro, el Arzobispo de Charcas y el Obispo de La Paz los absuelven de lo juramentado y los incitan a tomar nuevamente las armas. Es altamente probable que muchos oficiales patriotas y revolucionarios condenaran, no sólo por lo bajo, la decisión de Belgrano. Mitre, no obstante, reconoce - pragmático - que fue una buena manera de propagandizar los ideales de la Revolución, después de todo, no fueron tantos quienes volvieron a enfrentar la causa de la patria naciente: da el número de 300. Cita una carta firmada por Belgrano: "Quién creyera! Me escribe otro por la capitulación, y porque no hice degollar a todos, cuando estoy viendo palpablemente los efectos benéficos de ella!" Pero, como sea, se impone la impresión en el libro de Mitre de que no obró como un político, que falló en este punto comportándose más como un idealista. Los muertos en la batalla se enterraron en una misma fosa con esta inscripción: "AQUÍ YACEN LOS VENCEDORES Y VENCIDOS EL 20 DE FEBRERO DE 1813". Antes de marcharse, los derrotados soldados realistas "fraternizaron" con los patriotas.



Disposición de la Soberana Asamblea premiando a Manuel Belgrano por su victoria en la batalla de Salta, con un sable con guarnición de oro y con dinero procedente de las rentas obtenidas de las fincas del Estado. 13 de marzo de 1813. Archivo General de la Nación, Documentos Escritos, 10-1740, doc. 63

Después de haber decretado la Asamblea General Constituyente los premios a que se han hecho acreedores los guerreros vencedores de Salta es justo recomendar a la gratitud americana los esfuerzos particulares del Ciud. Belgrano que ha correspondido a la confianza de la Patria en la dirección de aquella memorable jornada. Él ha cumplido con sus deberes y en premio de sus servicios la Asamblea General ha decretado en este día se le dé un sable con guarnición de oro grabándose en la hoja la siguiente inscripción L. A. C al Benemérito Gral. Belgrano y que además se le haga la donación de la cantidad de 40 Dps señalados en valor de fincas pertenecientes al Estado.


 

Vilcapugio



En Potosí, luego de los triunfos de Tucumán y Salta, cuando no es descabellado pensar que el Alto Perú finalmente verá el triunfo de la revolución, se celebra una fenomenal reunión entre Belgrano y el cacique chiriguano Cumbay. Mitre da cuenta de esto y a Cumbay lo describe como una suerte de "rey bárbaro" de las regiones del Chaco. Ferviente admirador de la revolución, había sido herido por defender su causa en la región de Santa Cruz de la Sierra. Nunca había entrado a una ciudad pero, al saber de la presencia de Belgrano en Potosí, se decidió a hacerlo. Llegó "con su intérprete, dos hijos menores y una escolta de 20 flecheros con carcax a la espalda, el arco en la mano izquierda y una flecha envenenada en la derecha. Al avistar a Belgrano echó pie a tierra y, mirándole un rato con atención, le hizo decir por medio de un intérprete “que no lo habían engañado, que era muy lindo, y que según su cara así debía ser su corazón.” Se lo alojó magníficamente, se lo hizo participar de muchas fiestas, pero desistió de dormir en una cama preparada para él que era "digna de un rey". Un importante simulacro militar se montó ante él y solo contestó: "Con mis indios desharía todo eso en un momento".  El encuentro fue decididamente amistoso, en tren de alianza, sin embargo no sabemos cómo prosperó este cacique al que se dejó caer de la historia argentina. Con otro caudillo que tenía especial ascendiente entre los indios de Chayanta, Baltazar Cárdenas se llamaba, la alianza prosperó. Seguramente era indio también, aunque Mitre no lo especifica. Estamos en los días previos a lo que sería la batalla de Vilcapugio (octubre de 1813), y Belgrano acumula fuerzas con la impresión de que está en un momento crucial, decisivo para la independencia de América. Con 2000 indios acudió Cárdenas a su encuentro, fuerza en número muy importante porque el ejército patriota no superaba los 3600 hombres. Mitre se debate entre subrayar lo relevante que eran los indios acaudillados por Cárdenas para decidir la batalla, que era mucho más que eso, y condenarlos como una "masa inerte incapaz de resistir en campo raso el choque de una compañía de buenas tropas". Finalmente, en Vilcapugio que será un desastre e indicará un nuevo y gravísimo retroceso para la causa revolucionaria, los indios no participaron del combate. "A la espalda de la línea patriota, y a manera de decoración, se veían los altos cerros que la cubrían, coronados por más de dos mil indios desarmados que se habían incorporado el día anterior, juntamente con un escuadrón de Dragones que estaba destacado en Chayanta. 'Aquellos pobres indios', dice el general Paz, 'gozaron como Scipión del grandioso espectáculo de una batalla, sin correr los riesgos'."



Informe sobre el resultado de la batalla en la Pampa de Vilcapugio realizado por Manuel Belgrano. Toro, 1 de octubre de 1813. Archivo General de la Nación, Documentos Escritos, 10-1719

Excelentísimo Señor

Las armas de la Patria que están a mi mando han sufrido en la pampa de Vilcapugio un contraste: la ala derecha del ejército cantaba la victoria, cuando infelizmente fue malamente herido el coronel Don Benito Álvarez, Comandante del n° 8, que formaba la izquierda y muerto su Sargento Mayor, Don Patricio Beldón, y fue lo bastante para que cediendo al fuego enemigo se arrollase y envolviese al Cuerpo de Reserva que mandé a auxiliarlo, con lo que ya preciso que el ejército se replegase a un cerro en que apoyaba su derecha, dejando en el campo las catorce piezas de artillería que llevó, unas por haberse inutilizado, y otras que por su peso fue imposible salvar.

Empezó la acción á las seis y media de la mañana, y concluyó a la una y tres cuartos de la tarde, en que me fue preciso retirarme en atencion al poco número. de gente con que habia quedado, para reunir toda la dispersa en un punto que crea más aparente para observar los movimientos del enemigo y seguirlos según mejor conviniese á la seguridad de estas provincias que espero no se perderá.

Para la reunión de la gente salio el Mayor General, y sé que ha pasado por este punto con un número crecido: al Coronel. Dn. Miguel Araoz lo envié por el camino de Tola- palca y espero que haya conseguido reunir un gran número: esta dispersión no es de extrañar porque teníamos mucha gente nueva.

No puedo dar á V. E. una noticia exacta del Ejército hasta que se me reúna todo: han muerto algunos oficiales y tropa; por del enemigo ha sido horrorosa la carniceria que los Cazadores, n° 6, y Caballeria ha hecho, sin que esto sea exageracion de las que se acostumbran en los partes de las acciones de guerra, y que es contraria á mi modo de pensar.

Entre los muertos del enemigo se cuenta un Brigadier, dos Coroneles, algún Tent. Coronel y otros oficiales, y también tengo unos cuantos prisioneros de estos, y de la tropa: luego que me halle con algunos, menos atenciones de las que tengo circunstanciaré la accion, y sus incidentes con la franqueza y verdad que acostumbro.

Según creo, y por cuanto he visto el Ejército enemigo está derrotado á pesar de haber quedado el Campo por suyo, y tomado la piezas que he referido; por sea lo que fuere á palmos adelantará sus pasos, mediante; Dios; ps. con las Divisiones de Cochabamba y Chayanta, y el Ejército que mando espero que sufra su destrucción total.—Dios guarde á V. E; muchos años. Toro á 3 leguas de Vilcapugio al E. 1° de Octubre de 1813 á las 9 de la noche.—

Manuel Belgrano


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